Netflix prometió una larga batalla legal contra las nuevas disposiciones de la Federal Communications Commision de los Estados Unidos (FCC, el ente que regula las comunicaciones en ese país) con lo que se llama "neutralidad de la web". Para empresas como el gigante del SVOD, Google, Facebook y otros que funcionan además gracias a contenidos generados por los usuarios, el asunto es de la máxima importancia. Hasta hoy, y gracias a las regulaciones de la web de la era Obama que Trump liquidó en los últimos meses, los proveedores de servicios de Internet no podían cobrar precios diferenciados por el acceso a la red. Ahora pueden degradar el acceso o incluso cobrarles más dinero a los productores de contenidos o a los usuarios por, por ejemplo, acceder a video.

La batalla es bastante más compleja. Los ISP adujeron siempre que ellos tenían que invertir en ampliar las bandas de datos y la infraestructura mientras empresas como Netflix hacían su negocio sin poner un centavo en esa inversión. De allí que desde hace bastantes años hicieran lobby contra la neutralidad de la web. Quieren una parte del negocio que les pasa por el costado. Pero hay otro problema: también, a partir de -por ejemplo- disponer de un ancho de banda menor para ciertos sitios o degradar el servicio, se puede ejercer un tipo de censura. Esta es la razón por la cual muchas organizaciones alrededor del mundo han reaccionado contra la medida.

Que Netflix quiera judicializar las medidas -lo que implica una larga batalla legal que mantendrá el asunto en un hiato- implica que otras empresas también puedan sumarse y eso genere un contexto desfavorable para sostenerlas.