Una de las peleas más interesantes en el universo del audiovisual contemporáneo es la que sostienen esos casi amigos hoy casi adversarios Cannes y Netflix. El año pasado, la firma de SVOD logró que dos de sus producciones de largometraje más importantes, Okja y Los Meyerowitz, fueran admitidos en la competencia de la muestra. Pero la presión de los exhibidores franceses, que no querían que una película que no pasara por salas engalanara el festival, y las declaraciones del entonces presidente del jurado Pedro Almodóvar sobre no premiar un filme hecho para el on demand, generaron un problema que se resolvió con la no aceptación en competencia de películas que no tuvieran garantizada la exhibición en salas. Netflix, por lo tanto, este año decidió no presentar absolutamente ninguna de sus producciones en la Costa Azul, algo que no fue del agrado del director artístico del evento, Thierry Frémaux. Pero de todos modos están ahí haciendo lo suyo: decidieron intentar la compra de Todos lo saben, la película del iraní Asghard Farahdi protagonizada por Javier Bardem, Penélope Cruz y Ricardo Darín, que se presentó en la apertura de la muestra.

Ahora viene lo interesante: la presencia de los agentes de Netflix en Cannes es una ironía -y, en gran medida, también una paradoja-, porque van a comprar filmes. La cuestión es que muchas de las películas que se presentan no sólo en el mercado -donde hay muchos más títulos que en las competencias- sino en la muestra "oficial" carecen de distribución internacional. Es decir, si bien las películas que forman parte de la Competencia y de Un Certain Regard, las dos secciones centrales, tienen asegurada la exhibición en salas en Francia (Todos lo saben será presentada por Memento Films), la mayoría no tiene posibilidades de estrenarse en muchos territorios. Finalmente, la única ventana que les quedaría sería Netflix. Que, con lo abultado de su billetera, bien podría quedarse con los derechos exclusivos para la mayoría de los países donde está instalado por encima de otros compradores que buscan para exhibir en salas.

Dicho de otro modo: la "restricción cannoise" sería completamente irrelevante a la hora de la compra de derechos. Si Netflix puede llevarse potenciales Palmas de Oro (incluso, y esta es la pelea más divertida de ver, si se lleva efectivamente la Palma de Oro), sólo podrá ser vista, en ciertos países centrales -por ejemplo Estados Unidos- en SVOD, sin pasar por salas, aún cuando los exhibidores franceses dispongan de ella en sus marquesinas. Billetera, pues, mata salas masivas y alfombras rojas. Va a ser interesante ver qué logra adquirir uno de los actores más agresivos del mercado audiovisual de los últimos tiempos. Y también si, al trabajar con una capacidad de pago tan grande, no alterará definitivamente no sólo el mercado de la exhibición -que se terminaría reduciendo solamente a los tanques, como es tendencia- sino también del SVOD. Porque, ¿qué podrán comprar los competidores? Ya es claro que el mercado de los derechos para sistemas digitales está alterado, más cuando Netflix se reserva también los derechos de "theatrical" (los de exhibición en salas) y mantiene un férreo control sobre los contenidos que adquiere. Sin contar con que reserva gran parte de su gasto operativo a mejorar servidores y conexiones. Comprar en Cannes podría incrementar su posición dominante global. Paradójicamente, la restricción lo beneficiaría.

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