La semana pasada, Netflix subió a su plataforma en todos los países donde está presente la comedia protagonizada por Adam Sandler y Jennifer Aniston Misterio a bordo. De hecho, Sandler tiene un acuerdo de exclusividad con la firma y sus últimas diez películas salieron directamente en la plataforma. En este caso, casi de modo excepcional, la firma liberó sus números de audiencia, y reveló que 30,9 millones de usuarios (lo que implica un poco más de espectadores individuales) vieron el filme en los primeros tres días de distribución.

Según el detalle, 17,5 millones fueron accesos fuera de los Estados Unidos, y el resto en el país de origen, lo que coloca la película muy por encima de los promedios de la firma (y, de hecho, considerando unos u$ 12 por ticket cinematográfico en promedio mundial, la convierten en uno de los títulos más vistos del año en cualquier formato).

Netflix, se dijo, no suele liberar sus números de audiencia porque arguye que no es relevante para un sistema que se maneja por suscripción. Pero sí lo hace cuando esos números son importantes (los más de 40 millones de accesos de Bird Box el año pasado, por ejemplo, constituyen una de esas "excepciones"). Resulta importante sobre todo para los inversores, preocupados porque el estudio de SVOD no genere contenidos vendibles. En el fondo, es lo mismo que sucede con todo el mercado audiovisual. Si se tiene en cuenta, además, de que el reinado de la firma enfrentará competencia a fines de este año con los SVOD de Disney, Warner y Viacom, estos números permiten afianzar la confianza de los tenedores de acciones.

Por otro lado, el filme tuvo críticas menos que entusiastas, pero no resultan tan decisivas para este tipo de plataformas de entretenimiento. Una reconfiguración importante del mercado audiovisual que, todavía, no ha sido tomada en cuenta.