Por esas vueltas de la industria, recién este domingo 11 comenzará a emitirse en nuestra región una de las ficciones más aclamadas de los últimos años. “The handmaid´s tale” se estrenó en abril del año pasado para el Primer Mundo, pero al ser un producto de la compañía Hulu, por estas tierras tuvimos que esperar hasta ahora, que la estrena Paramount Channel.

Vale advertir que esta es una ficción cruel y dolorosa. En estos tiempos en que público y comunicadores tenemos el debate por los derechos de la mujer tan a flor de piel, la cruda historia, basada en la novela de Margaret Atwood, es una bofetada potente. Aunque fue escrita en los 80, su adaptación televisiva nos muestra en el inicio la era actual: parejas interraciales y homosexuales viviendo felices y libres, teléfonos celulares por doquier y costosos cafés para llevar.

Pero Estados Unidos -donde transcurre la acción, si bien fue grabada en su mayoría en Canadá- vive sus último minutos de libertad. Un régimen llamado “Repú- blica de Gilead” ultra conservador, religioso ortodoxo y totalitario se apodera de los destinos de la sociedad y la pone patas arriba.

La excusa: la contaminación y el manejo irresponsable de los recursos del planeta derivó en una “epidemia” de infertilidad femenina (estas cosas nunca le suceden a los hombres) y una vez más, las mujeres deberán estar al servicio de la Humanidad.

Elizabeth Moss – a esta altura sin dudas una de las mejores actrices de su generación- ofrece una interpretación que dan ganas de llorar y abrazarla cada tres minutos. Sufre el asesinato de su marido y el arrebato de su hija para ser arrastrada a su destino. Guarda en su interior una furia apenas sosegada por el miedo al castigo físico que ve todos los días en su nuevo hogar; una suerte de claustro en el que las hembras con capacidad reproductiva -a eso se ha visto reducida- se preparan para ser fertilizadas.

Mientras acá afuera discutimos la brecha salarial y el repudio al acoso sexual, en “The handmaid´s tale” todo se fue al diablo. O vacas reproductoras o “Marthas”, como llaman a aquellas infortunadas que no están casadas o son infértiles. Mayoritariamente, estos ejemplares de bajo rango en la nueva sociedad suelen ser afroamericanos y latinos, ergo, servicio doméstico, cocineras... como en los viejos tiempos.

Moss alguna vez fue June. “Pero ahora tengo prohibido ese nombre” relata en uno de los pasajes en primera persona que el personaje principal tiene. “Ahora soy Offred” cuenta, nombre que fonéticamente suena casi igual a “offered” (“Ofrecida”).

Lo que ellas pueden

Así de desolador es el destino para todas. Despojadas de identidad e historia, al servicio de la reproducción -la primera escena de Offred cumpliendo su deber con el patriarca de la casa que le tocó en suerte es conmovedora- las mujeres son o bien un recipiente, o un artefacto doméstico. ¿Tan mal puede salir la revolución femenina?

Por supuesto, aprovechando que los nuevos jefes del país tienen poder absoluto, la limpieza es completa: homosexuales y “otros enfermos” por el estilo no sirven más que para limpiar desechos tó- xicos hasta morir, lo cual no toma mucho tiempo. Ya no hay familias salvo las compuestas por la elite gobernante, generalmente con esposas infértiles que deben tener a estas criadas para que germinen la semilla de los señores.

El rebaño está sometido a una vigilancia estricta y asfi xiante las 24 horas. A quién miran, con quién hablan, qué dicen. El clima de opresión tiene su vía de escape convenientemente instaurado: en la lí- nea de aquel indispensable “1984” de George Orwell y su “minuto de odio” en que los alienados podían insultar y arrojarle cosas a una pantalla que concentraba sus frustraciones, aquí las vacas con aspecto humano de vez en cuando pueden dilapidar a un hombre acusado de crímenes que nadie se molesta en chequear. Liberada la tensión, todo vuelve a la pulcra normalidad.

La autora del libro sorpendió hace poco al revelar que parte de su historia se basó en el terrorismo de Estado que hubo en nuestro país durante la última dictadura.

“La división entre los derechos de la mujer y los derechos humanos es una falsa dicotomía. Una de mis fuentes para The Handmaid’s Tale fue la Argentina bajo el gobierno de los generales. Tantas mujeres asesinadas y sus hijos robados”, escribió Atwood en su cuenta de Twitter.

Un motivo más para ver, aún con el corazón estrujado, esta gran historia de lucha y fortaleza interior que ya tiene fecha de estreno -a fi nes de abril- para su segunda temporada y ganó nada menos que dos Globos de Oro y 8 Emmys, entre muchos otros premios.