Hemos tocado varias veces el tema de la pornografía femenina en esta columna. Tiene un motivo: el negocio sexual en general, hoy, se mueve básicamente por el público femenino, que se ha vuelto una fuerza notable cuando la pornografía por sí misma ha entrado en un constante eclipse. Esto no implica solo la imagen pornográfica (en ese sentido sigue siendo dominante el público masculino joven, especialmente los post adolescentes) sino también -especialísimamente- los juguetes sexuales, el universo textil, etcétera. Dicho de otro modo: las mujeres mueven el sexo incluso si no consumen imágenes sexuales. Esa revolución es central para comprender muchos cambios en los hábitos de consumo y las formas de relación de las últimas dos décadas, obviamente todo motorizado por el cambio de paradigma de lo analógico a lo digital. O con palabras no académicas: gracias a que Internet metió la cola.

Lo que nos lleva a la pornografía femenina, que también existe y que, al revés del mainstream pensado y realizado por hombres, no se dirige a chicas post adolescentes sino a mujeres adultas. No vamos a discutir aquí -quien escribe es crítico de cine, no sociólogo ni, mucho menos, sexólogo- si las mujeres maduran antes o después que los hombres. Lo interesante igual consiste en que el porno realizado por mujeres y que tienen a sus pares como principal público es mucho más reflexivo, más sensual y más "pensado". En esto último radica tanto su fuerza como -el que escribe es crítico de cine, perdón- su debilidad. Pensemos por un rato en la obra de la realizadora alemana Petra Joy, referente central en este campo.

No tiene una obra demasiado extensa, pero la causa es que no se dedica solamente a dirigir películas sino también a producir, comercializar, escribir, fotografiar, etcétera. Es realmente una autora a la par de otras conocidas referentes del movimiento porno feminista como Annie Sprinkle, Candida Royale o la más contemporánea Erika Lust. Sus películas se concentran básicamente en el placer femenino; en este sentido sigue la misma regla que el resto de sus colegas. Por supuesto, no pertenece al porno "mainstream" y sus películas han tenido más suerte en festivales de cine no porno y a través de la divulgación académica. En todo caso, eso habla de dos realidades: la primera, que el mainstream -todo mainstream en cualquier tipo de actividad, amigos- es refractario a lo que se salta un poco la norma. Por el otro, que las mujeres tienen que remar en dulce de leche pastelero para imponerse en un universo pensado para el público masculino. Y esto último, hoy, es un poco difícil de entender dado que el poder que tienen las pornostars (muchas de ellas se vuelven productoras y gerentes en el mundo de los grandes productores de audiovisual adulto) es enorme. Empoderadas comercialmente, pero no iconográficamente. Raro pero real.

Petra Joy evita el primerísimo primer plano de penetración para concentrarse en la expresión del placer femenino

Pero vamos a la obra de Petra Joy. La mejor película que hizo hasta ahora es The Female Voyeur, de 2011. En realidad es un compendio de secuencias pornográficas, pequeños cortos unidos por la idea de que sean vistos por una mujer. En todos ellos, las mujeres son las que controlan las acciones y las que toman la inciativa, y los hombres los que dan placer de acuerdo con el deseo de ellas. Está bien, es lo lógico en estos casos.

Pero Petra tiene ciertas reglas. En primer lugar, trata de evitar lo más posible lo que llamamos "plano quirúrgico", el primerísimo primer plano de la penetración. Se ven, pero siempre -o muchas veces- en plano general. Lo que más interesa en todo caso es la expresión de placer de las mujeres y sus fantasías. En el primer corto de The Female... se trata de una fotógrafa que termina ordenando un ménage Ó trois con dos modelos masculinos. En el segundo, un concurso de belleza masculino se decide de acuerdo con las capacidades eróticas del concursante, y hay sobre todo profusión de sexo oral. El tercero es una orgía con una mujer en el centro dominando la secuencia. Cualquiera que la vea y conozca algo de la pornografía mainstream encontrará fácilmente las diferencias con el resto de la industria. Joy pretende dos cosas: que las mujeres elijan con quién o quiénes filmar cada secuencia y que no finjan el placer (una de sus películas es "Siéntelo y no lo finjas", de hecho). Hay aquí algo muy interesante desde el punto de vista cinematográfico: crear un entorno ficticio para generar placer real y registrarlo de modo casi documental. En ese campo, Joy tiene como fin registrar toda la curva de excitación y placer femenino tal como se da en la vida real. Pero el trabajo sobre la delgada línea con la ficción es interesante, cercana -no se asuste- a lo que suele hacer una parte de la cinematografía iraní cuando mezcla la realidad con la ficción.

Ahora bien, hay algo raro también en estas películas que, como dijimos, representan a la vez su fuerza y su debilidad. Al estar pensado por y para mujeres, refuerza imágenes y métodos que las mujeres pocas veces tienen a mano en el porno mainstream y eso es una fuerza importante, lo que les permite ubicarse en la conquista de un público. Pero vean los cuerpos masculinos y cómo se los trata: son perfectos, musculosos, estilizados; tan ficticios como los de las pornostars del mainstream (mientras que los cuerpos femeninos de Petra son mucho más "comunes", sin dejar de ser atractivos). Es decir: en ocasiones -no siempre- lo que hace la cineasta es utilizar los mismos clichés del porno normal pero invertir el género en ellos. Repetimos, no siempre y lo mejor de su obra radica en aquellas secuencias, en aquellos momentos en los que Petra Joy inventa imágenes propias. En ese sentido es una auténtica cineasta más allá del género.

Por lo demás, no narra más que la pura acción física de los cuerpos en danza de placer, lo que también es una manera de asumir el sentido de la pornografía. Mucho de lo más interesante del género viene por este lado, mucho más que de lo que conocimos como "comercial" hasta ahora. Sexo adulto y placentero es igual a sexo femenino.

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