La semana pasada hablamos de un programa de TV en Playboy TV. Estuve revisando bastante las tres señales porno de Cablevisión (PlaboyTV, Venus y SexTreme) y de pronto se me ocurrió que hay algunas rarezas específicamente cinematográficas que pone estos canales aparte del resto de la grilla. Son cuestiones técnicas, no temáticas, pero el tema es el que obliga a esas elecciones. Más allá de que, quizás, el lector no quiera acceder nunca al porno, no deja de ser raro que estos contenidos permitan entender de manera mucho más claa que cualquier teoría asuntos como el uso de los planos en una narración cinematográfica, o el hecho de que todo el cine, incluso el que pretende no serlo, sea narrativo.

Como más o menos deben saber, las películas porno actuales suelen ser una compilación de secuencias sexuales unidas por un tema o una variedad (infidelidad, jóvenes con maduros, tríos, etcétera). Por lo general son o bien heterosexuales o bien lésbicos: es muy difícil (solo un nicho de horario muy pequeño) ver sexo gay. Esta discriminación procede de que aún todo se piensa desde la mentalidad del espectador más común: el hombre heterosexual de entre 20 y 40 años. Pero para lo que vamos a hablar es (un poco) lo de menos. Dividamos las secuencias solo entre "heterosexuales" y "lésbicas".

En el porno lésbico contemporáneo, lo más frecuente es el plano secuencia continuo cargado de tensión

En general, como contamos hace algunas semanas, priman dos cosas: el plano secuencia y la falta de música (el poquísimo porno que aún se produce en la Argentina no aprendió que parte de la excitación es auditiva: tonos tecno suelen distraer de la acción). En las lésbicas, suele haber elipsis o montaje cuando se pasa de un ambiente a otro, pero no así durante la propia acción, que por norma es la seducción de una mujer a otra y luego el sexo puro. Ese uso de lo continuo (la cámara no corta nunca) va creando una tensión que genera excitación tanto intelectual como física en el espectador. Se espera que "pase algo" pero no se sabe cuándo empieza. También, por lo general, toda esa tensión se diluye cuando el sexo se vuelve bien explícita, porque el sexo tiene pocas variantes. La norma de que las secuencias duren alrededor de 20 conspira contra su efectividad.

En el sexo heterosexual las cosas son más o menos iguales con un par de diferencias. La primera, la que suele seducir es la mujer, que siempre está en celo. El hombre, de todos modos, siempre cumple. La cámara suele tomar mucho más el rostro y la actuación de las mujeres que las de los hombres, salvo quizás en todo el ambiente que se presenta antes del coito propiamente dicho. Pero en el sexo heterosexual hay más cortes, más cambio de posición de la cámara por montaje. En el lésbico, la cámara se mueve para reencuadrar; en el hétero, no: se corta y se pasa a otra cosa. A veces se corta y sigue una escena en pose y encuadre similar. ¿Qué sucede con eso, que rompe cualquier manual de corrección fílmica?

El porno heterosexual suele tener más cortes debido a cuestiones básicamente fisiológicas

Simple: que los actores muchas veces no controlan la fisiología. Acaban, pues, y ante la caída de la erección antes de terminar de filmar la secuencia, hay que cortar para después retomar desde el mismo punto. Porque se va inscribiendo todo en el tiempo, justamente, y aunque no haya una historia propiamente dicha, sí hay un relato que está construido por la combinación cada vez más "caliente" de secuencias y posiciones sexuales. Puede que todo comience con un "madura seduce a joven tímido hijo de su amigo" (una fantasía común que demuestra cuál es la edad promedio a la que apuntan estos productos), pero una vez que aparece la desnudez, el "contexto" desaparece (a veces vuelve al final con alguna línea de dialogo pretendidamente picaresca). Es decir, el "cuentito" se disuelve cuando se está en pleno sexo. Pero lo que cuenta es qué se va haciendo y, por lo general, cómo se llega al orgasmo (que es como culmina todo siempre). Eso implica un relato. En el porno hétero suele ser entrecortado, discontinuo, con poco desarrollo de contexto. En el lésbico, no. En el caso del porno gay, se está mucho más cerca del montaje del hétero que del plano secuencia del lésbico. En todos los casos, las herramientas son las del propio cine, y poco tiene que ver con la televisión o el video casero. Así que el cine porno aún existe.

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