Siete hombres calvos de traje y sombrero de copa caminan por las calles de alguna ciudad. En determinado momento, se detienen en hilera, giran, se sacan el sombrero y se reclinan mostrando su pelada a los transeúntes. Llevan escrito cada uno una letra y en conjunto se lee "Houdini". Esa era una estrategia de promoción que empleaba el gran mago cuando llegaba a un destino donde iba a realizar sus presentaciones. El video de ese impactante método publicitario es lo primero que ven los visitantes que se acercan a la muestra "Houdini. Las leyes del asombro", que se inauguró esta semana en la Fundación Telefónica-Movistar (Arenales 1540).

La exposición, que junto a las anteriores centradas en Verne y Tesla traza una trilogía sobre los grandes cambios que marcaron el paso del siglo XIX al XX, aborda con Harry Houdini el origen de la cultura de los espectáculos de masas.

"Él comprendió el poder que tenían los nuevos medios de comunicación de masas. Era un momento en el que los diarios pasaban a ser leídos por millones de personas en los Estados Unidos, debido a la alfabetización. Se dio cuenta del potencial que tenía eso", destaca Miguel Delgado, curador de la muestra junto a María Santoyo, y asegura que "si hubiese vivido para conocer la TV habría sido una estrella de la TV y si viviera hoy en día habría comprendido el potencial de las redes sociales para promocionarse".

Pioneros

Rojo y negro dominan las salas. Son los colores de la magia y también del circo, que es el ámbito donde surgió en un primer momento este arte de hacer trucos y asombrar.

Una colección de afiches muestra el anuncio de esas ferias de atracciones, los freak shows donde los magos participaban junto a la mujer barbuda, el hombre pez y otros números. Houdini también empezó viajando con un circo ambulante junto a su mujer. A veces incluso reemplazaba al contorsionista, por sus habilidades físicas que depués explotaría en sus trucos de escapismo que lo hicieron célebre.

A medida que se avanza en la muestra, surgen nombres fundamentales en la historia de la magia. "Hay un cambio muy importante a mediados del siglo XIX cuando aparece Robert Houdin. Era un relojero y constructor de autómatas y también mago. Es el primero que se viste elegante, de frac y con sombrero de copa. Sube la magia a los teatros y escenarios. Lo convierte en un espectáculo para la burguesía", explica Delgado. En honor a esta gran figura adoptó su nombre Houdini, que en realidad se llamaba Erik Weisz y nació en Budapest.

Gracias a Houdin empieza la edad de oro de la magia. Los magos se convierten como rock stars. En los afiches aparecen nombres como Kellar o Thurston. "Los magos era al principio indistinguibles de los brujos. Se creía que lo que hacía el mago lo hacía de verdad. A partir del siglo XIX el juego es el ilusionismo, único arte en el que un adulto paga para que lo engañen", destaca el curador.

En la muestra se intercalan carteles con fotos, videos y también objetos que funcionaban a nivel casero o profesional para los trucos. En una vitrina se exhiben los clásicos juegos de magia hogareños, libros con trucos, cajas misteriosas con compartimentos y dibujos orientales de la época en que se popularizó la magia.

El país tiene un lugar en esa evolución. "Argentina siempre fue cuna de magos. Pero en las primeras décadas del siglo XX era una potencia de la magia. Estaba Fu- Manchú y Alex Mir", dice Delgado.

Si el hilo conductor es Houdini, como no podía faltar, una de las secciones está dedicada a las pruebas de escapismo con las que maravillaba al público. Ahí, además de una reconstrucción de la camisa de fuerza que empleaba, se pueden ver fotos de sus proezas como la celda de tortura acuática, la más mítica, o la ilusión óptica mediante la cual hacia desaparecer a la elefanta Jennie. Según el curador, se barajan hipótesis para explicar los trucos de escapismo: un pulgar falso donde escondía una llave o su mujer le pasaba esa llave maestra en el beso de despedida.

En el contexto del desarrollo de los espectáculos de masas, en uno de los apartado se exhiben fotos de los primeros eventos deportivos, donde el boxeo, al que Houdini era aficionado, tiene protagonismo. Una de esas imágenes es casi premonitoria. Se lo ve a Benny Leonard sujetando al mago y el campeón Jack Dempsey haciendo la mímica de darle un golpe en el estómago. Tiempo después su muerte estaría ligada a un golpe. "Hacía siempre un truco que era que invitaba a la gente a que le dieran un puñetazo en el estómago. No se alteraba en lo más mínimos. El truco se hace controlando los músculos de la panza. En una gira, un fan le da un puñetazo antes de que estuviera preparado y él queda dolorido pero aún así no deja que lo vea un médico. Tenía apendicitis y muere de peritonitis. El golpe no lo mató pero lo agravó". Final inesperado para este hombre que nunca se dejaba vencer.