Una de las tesis más repetidas en esta columna es que si no fuera por el porno, el universo digital (no solo el entretenimiento) sería diferente. O, al menos, gran parte de las herramientas informáticas que nos hacen la vida más sencilla habrían tardado más en llegar y serían, a esta altura, menos sofisticadas. Desde el streaming hasta la securización de datos bancarios, todo surgió para que las personas pudieran acceder a mirar porno tranquilamente en sus casas sin que nadie las señalara con el dedo. De eso hemos hablado bastante en más de una ocasión y por diferentes motivos. Dijimos que las primeras empresas de entretenimiento digital que se animaron a invertir en VR de manera masiva (bueno, lo que es "masivo" para este negocio, que siempre es cine de bajo presupuesto respecto del "otro" cine) fueron varias empresas del porno, para poner un ejemplo reciente. Pero hoy se discute mucho, y ya desde lo académico, la aparición y difusión de los contenidos breves. Y el porno es uno de los dos nichos donde ha tenido mayor desarrollo antes de que el generado por los usuarios se volviera masivo y, de algún modo, también mainstream.

Por las dudas, el otro nicho donde el contenido breve siempre reinó -desde el tiempo en el que no existía Internet- es el de los contenidos infantiles. Por razones que exceden esta columna, siempre fueron breves y se dirigían a un nicho efectivamente específico. Que es lo mismo que sucede con el porno, claro. En ambos casos, tienen una utilidad central. En el caso del infantil, entretener a alguien para "liberar" a padres y encargados para hacer lo que deben; en el segundo, estimular o complementar la actividad sexual. Los niños más chicos no suelen tener un margen de atención demasiado grande ni para ver algo ni para seguir tramas complejas. El habitué o -mejor utilizar este término- usuario del porno sí, pero el "efecto" de un plano demasiado repetido va contra el sentido del uso y la trama o la historia solo son necesarios para dar contexto a la performance puramente física. Por eso, en ambos casos, la brevedad reina.

Aunque se trate solamente de secuencias de alrededor de veinte minutos, el espectador del porno necesita una historia

Casi todos los reportes y estudios respecto de lo que viene -lo que ya es, de hecho- para el audiovisual señalan el crecimiento de los contenidos breves. Básicamente, son más fáciles de servir digitalmente (menos peso, menos uso de la banda ancha, más rapidez e inmediatez), y además pueden consumirse en poco tiempo: viajes, durante el almuerzo en el trabajo, etcétera. Hoy, más de la mitad del tráfico audiovisual deriva a dispositivos móviles, y los ensayos de 5G parecen mostrar que uno de los dos vectores de crecimiento del sector será ese, con el SVOD hogareño como el otro puntal. ¿ Cine en salas? En eclipse u ocaso, pero es tema para hablarlo en otra parte. Como dato: el porno fue el primer género cinematográfico en abandonar la sala de cine y reconvertirse al consumo puramente hogareño.

Leyendo en XBiz, una fuente inagotable de noticias sobre el porno, llego a un artículo firmado por MissX. MissaX es performer porno, pero sobre todo es hoy productora, empresaria y guionista. Por casualidad, empezó haciendo un video porno con tema tabú a pedido de un comprador al que le vendía ropa interior vía eBay. Y de pronto descubrió un nicho. Empezó a hacer videos a pedido, a mejorar como cineasta porque quería competir, a subir en el exitoso sitio agregador -y pago- ClipS4Sale (el nombre es revelador) y está entre los que más venden en ese lugar. ¿Qué hizo? Decidió dos cosas. La primera, contratar profesionales para la producción de cada film. La segunda, considerar que hace films, no videos, no "clips". Desde el principio, desde ese primer registro con una camcorder donde ella y su marido fingían ser hermanos incestuosos -esa era la trama-, quedó claro que lo que le da un diferencial a mostrar secuencias de sexo es la relación que se finge para la cámara. Es decir, el relato en el que se inscriben esas secuencias. No son las secuencias en sí mismas. Incluso en ese caso, deben filmarse con cuidado, buena iluminación, mezcla de sonido adecuada, etcétera. De hecho, si se lo piensa, en el nicho "homemade", donde se hace -o se finge hacer- un video caserísimo, es menos la belleza de las personas o el sexo que el hecho de ver lo que se oculta, la parte "invisible" del relato, eso que es privadísimo.

MissaX narra que escribe alrededor de dos horas de diálogo por mes para sus clips. Y que no son clips, que son películas que se producen, ruedan y crean con la misma calidad que cualquier otra, sin importar la duración. En ese texto, de hecho, desecha el término "escenas" para hablar de "filmes". En general, las escenas -para ser precisos, secuencias: son mucho más que una sola escena y se inscriben en el tiempo- se han convertido en la unidad de medida para el porno. Se paga por escenas, se describe una película por cuántas escenas tiene. Se distribuyen en los sumarios de un DVD cuántas escenas de cada tipo hay y cuántos performers diferentes. Las películas porno, en su mayoría, se han vuelto compilados de "escenas". Pero el cine prevalece de un modo inesperado -y es lo mismo que terminará pasando con los contenidos breves que se desarrollen cada vez a mayor velocidad para el resto de las plataformas y públicos-: es necesario que lo que vemos tenga un sentido, un "para qué" que dirija el efecto que nos causen las imágenes. Sin eso, son adornos, nada más. Lo que nos lleva a especular que el cine se refugiará en tres espacios. Uno, el super blockbuster gigantesco, lleno de efectos y estrellas. Dos, el relato con personajes que requiere un desarrollo en el tiempo para desplegarse, más cercano a la literatura -las series y los filmes de SVOD. Y, por último, el contenido breve que busca tanto el impacto sensorial del blockbuster como el peso emocional del relato. Por ahora, en ese último nicho las cosas son intentos, idas y vueltas, productos que no terminan de decidirse por ser series tradicionales o pequeñas creaciones autónomas, y es por esa diletancia que aún no tenemos grandes títulos en esos formatos. Mirar al porno, que lo viene ejerciendo desde que Internet es Internet sería una alternativa más que interesante, porque hay un sistema narrativo, un sistema de estrellas y un sistema de producción que se han creado alrededor de la brevedad digital, sin desdeñar el impacto sensorial -imprescindible al género- similar al del gran tanque. Como siempre, el sexo termina siendo razón para los pioneros.

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