Si bien hay proyecciones hasta el domingo, el mercado del TIFF terminó. La ciudad se comienza a teñir de esa melancolía que nos embarga cuando tomamos conciencia de que la fi esta está por terminar. Ya en la recta fi nal, corresponde destacar la consolidación de la relativamente nueva sección competitiva del festival, Platform, en la que se destacó la presencia de la película argentina Rojo, de Benjamín Naishtat (Historia del miedo, El movimiento). En la última edición de la revista Screen que se edita especialmente para el festival, Rojo marchaba al frente de los puntajes otorgados por el jurado conformado por la publicación. Si bien es cierto que en ese momento todavía no se había proyectado la excelente Her smell de Alex Ross Perry (Listen up Philip, Queen of earth, Golden exits), con una Elisabeth Moss que brilla interpretando a Becky Something, líder de la banda Something She, no puede ignorarse la conexión de la película de Naishtat con el público canadiense. En su premier las preguntas al realizador se extendieron más de lo habitual y la explicitud del mensaje político no dejó lugar a dudas. El realizador desde siempre viene explorando en su cine la génesis de la violencia. Rojo es su película más directamente alusiva, más transparente en sus metáforas. La perfecta reconstrucción de época nos lleva a Argentina en 1975 y el tema es el de la complicidad de la clase media. El desagrado respecto del rumbo que ha tomado la política continental y la consecuente afirmación de que hay que recordar lo pasado para no repetir la historia aunó a artistas y público, en un diálogo que refirió más a esos temas que a lo estrictamente cinematográfico.

El tema que por aquí más se comenta es cómo se largó la carrera de los Oscar. Y si desde el lado femenino arrancó con todo la citada Elisabeth Moss (en una película potente y personal, con algo de Cassavetes en su forma de narrar y construir los personajes, filmada en un hermoso 35mm, que puede ser la “indie” que siempre cuela la Academia, como Moonlight), entre ellos el que largó en punta es el ahora jubilado Robert Redford. Es que al anuncio de que se retiraba de la actuación realizado aquí en Toronto (lo que de por sí suma puntos, para una “despedida como se debe”), se añade una película que permite el lucimiento del veterano actor. The old man & the gun está basada en la historia real del criminal y artista del escape Forrest Tucker, una fábula que parte de los bordes para volver a uno de esos clásicos mitos americanos. David Lowery, su director seguramente formará parte de los nominados, como alguno de quienes conforman un elenco de lujo: Casey Affleck, Danny Glover, Tom Waits, Sissy Spacek y la ya nombrada Elisabeth Moss.

Otra de las que vienen generando expectativas es Can you ever forgive me?, de Marielle Heller, con elementos que gustan y convienen a la Academia. Que su directora sea una mujer no desentona con el espíritu de época y viene bien para disimular tantos años de machismo y misoginia. Y su protagonista es la gran comediante Melissa McCarthy en un papel diferente (otro punto que suele seducir a los votantes del deseado premio, como el hecho de -nuevamente- tratarse de “una historia basada en hechos reales). Sabemos que los motivos que subyacen en las premiaciones difícilmente tienen que ver solo con razones cinematográficas; y, en ese sentido, en el delicado rompecabezas en el que las nominaciones tienen que cumlir con las expectativas de los distintos sectores de poder, de intereses o de pertenencia, The hate U give, dirigida por George Tillman Jr. y con un elenco de fi guras afroamericanas, seguramente también tenga un lugar.

Claro que hay otros: tras Whiplash y La la land, First man de Damien Chazelle suena entre las que tienen chances, así como es evidente la disputa que se plantea entre los créditos locales Dennys Arcand y Xavier Dolan, cuyas respectivas La chute de l’empire americain y The death and life of John F. Donovan fueron mejor recibidos por el público que por la crítica. La carrera por los Oscar ya comenzó, aquí, en Toronto.