La escritora Ángela Pradelli presenta un libro de poesías. En diálogo con BAE Negocios asegura que ese formato significa mucho para ella, y que busca captar su esencia en las distintas escenas de su vida, en experiencias que pueden ser muy cotidianas y simples. "Se me haría muy difícil la vida alejada de la poesía. Por eso, la publicación de La poética de la seda significa mucho para mí", cuenta.

—¿En qué mundo se siente mas cómoda, en la novela o en la poesía?
—Hace mucho tiempo que prefiero hablar de escritura porque la casilla de los géneros me parece un poco artificial. Fijate que en mi último libro, La respiración violenta del mundo, incluí algunos poemas. Hasta en mis libros sobre educación fui incluyendo poemas inéditos, aunque todos aparecen en prosa, claro, pero la poesía no se pierde, aun cuando no esté escrita en verso. Pero sí, lo que más me importa es la poesía, aun en los libros en prosa.

—¿Qué significa la poesía en estos tiempos de Internet?
—Creo que Internet puede ser un gran puente para que leamos a varios poetas que no están aún publicados, o que sus libros tienen tiradas pequeñas y a veces es difícil conseguirlos. No veo que Internet sea un problema sino lo contrario, aporta muchas soluciones y, sobre todo, acercamientos. Los problemas que tenemos son la desolación, las islas en que tendemos a convertirnos sin que nos importen las otras personas, su dolor, los sufrimientos del mundo. Eso tiene su raíz en sistemas políticos que tienden a disgregarnos, a romper el tejido social.

—¿En la poesía encontramos eso que no sabemos cómo decir?
—Entre otras cosas, sí. Para mí en la poesía está todo, a veces también aquello que no sabemos cómo sentir, cómo mirar o pensar.

—¿Cómo elige los temas para la poesía?
—En mi caso nunca pienso que voy a escribir un poema, es más que nada una aparición y puede suceder en cualquier momento, en cualquier lugar. Puedo estar pensando en algo muy alejado a la poesía y, sin embargo, sucede y tengo que escribirla en ese mismo momento porque si no lo hago la pierdo para siempre. Me pasó varias veces que, por alguna razón, no pude escribirla y traté entonces de memorizarla hasta que pudiera escribirla, pero no, es ese instante, si no la escribo, si no puedo bajarlo a la escritura, el poema se dispara, sigue su camino y ya es imposible para mí ponerle palabras. Después de ese momento, viene, claro, la corrección, que puede llevar mucho tiempo, muchas versiones incluso, pero la nuez de todo sigue siendo siempre la misma.

—¿Hay algún tema que atraviese todo el libro?
—Me toca viajar mucho por la literatura, los libros, la docencia. A veces por becas de escritura, algunos son viajes muy largos, de muchos meses fuera de casa, casi todos los poemas de este libro fueron escribiéndose en esos viajes; viajar es una de las experiencias más ricas para mí, no importa tanto a dónde ni cuánto tiempo, cualquier viaje significa mucho para mí.

—¿Qué rutina tiene para escribir poesía?
—Me la organiza la necesidad. Es decir, puede ser, y casi siempre lo es, una escritura muy caótica. En un tren, en la fila de un negocio, en la sala de espera de un consultorio, en un almuerzo. Son siempre escrituras inesperadas, o repentinas, entonces es difícil tener rutinas, yo no las tengo tampoco para escribir prosa, es un caos, como te decía, pero no lo padezco en absoluto, al contrario, lo disfruto muchísimo.

—¿Observa un auge del género?
—La poesía está siempre presente, hay poetas grandes, poesías bellas, bellísimas. Hay publicaciones costosas y otras que se hacen con lo mínimo de la edición, pero la poesía siempre circula porque la poesía siempre está, y sale al cruce también. Cuánta poesía hay sobre los escenarios, por ejemplo; son inmensos esos momentos en que estás mirando una obra de teatro y aparece un poema ahí mismo dicho por una actriz o un actor. Son segundos dichosos, plenos.

—¿Qué le gustaría que encuentre la gente en el este libro?
—Como lectora, lo que más me importa es la emoción. Si la lectura de un libro me emociona llego al cielo. También eso es lo que más me gustaría para los lectores, que aparezca alguna emoción en la lectura.

—Los libros de poesía nos acompañan siempre en la mesa de luz. ¿Tiene la sensación de que son compañía, consuelo?
—Todo eso y más, por eso dejo aquí mi deseo: que haya poesía en las mesas de luz y también en las mesas de las cocinas, en los bancos de las estaciones de trenes y de las plazas, en las cunas, en las calles, en los parques y también en la brevedad de los jardines pequeños; en las fábricas, en las aulas y las bibliotecas, los senderos, las camas, que haya poesía.

Título: La poética de la seda
Autora: Ángela Pradelli
Precio $320
Editorial: Ediciones del Dock
Páginas: 88

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