Cada vez más, los negocios ligados al entretenimiento y los medios (hoy, prácticamente, la misma cosa) requieren revisiones complejas. Si en los Estados Unidos la fusión entre Disney y Fox está aprobada (después de que la firma del ratón Mickey aceptara, como condición antimonopolio, vender los 22 canales regionales de deportes que poseía Fox - Disney), no pasa lo mismo en la Unión Europea. Primera enseñanza: la concentración en ese campo afecta al mundo más allá de las fronteras, y esto es cada vez más visible en la medida en que crece la difusión digital. Segunda: las concesiones en cada territorio han de ser diferentes. El pasado viernes, Disney presentó un plan de ellas a las autoridades europeas para que se aprobase también en ese territorio la unión entre los dos gigantes. Como consecuencia, la UE amplió el plazo para aprobar el negocio y no será el 19 de octubre sino -si lo es, claro está- en la segunda semana de noviembre. En el medio, se estudiarán las propuestas de Disney y se consultará a los productores de contenidos, dueños de señales y compradores de contenidos de terceros respecto de cómo afecta esta unión el negocio de todos.

Y ese negocio es gigantesco, básicamente el más importante de la actualidad. El problema de tener una empresa de contenidos tan grande (el problema para los demás, seamos claros) consiste en que tiene muchas marcas instaladas con las que competir, además de que posee un enorme aparato de instalación de otras nuevas. Y los dueños de los demás canales de exhibición y distribución, por otra parte, tienen que contar con algunas de esas marcas dentro de su oferta. El problema básico consiste en cómo ese desembargo gigantesco altera la libre competencia entre diferentes tipos de empresas.

La UE escuchará a la competencia antes de decidir sobre la fusión millonaria

La UE no es, numéricamente, el mercado más importante para los contenidos; el más grande sigue siendo China, pero allí las empresas occidentales no pueden penetrar con facilidad. Por lo demás, el mercado europeo multiplica su efecto en el Asia cercano y en el norte de África y el mundo árabe, lo que lo constituye, ahora sí, en un mercado apetecible. Y no es un mundo que carece de sus propias empresas gigantes de medios: sin embargo, es necesario ver el verdadero tamaño del desembarco conjunto de Disney- Fox (que ya están instaladas en Europa, por lo demás, pero no en sinergia). No hay que olvidar que Disney pagó más de u$ 71.000 millones por parte de los activos de Fox. Esa cantidad puede recuperarse con propuestas masivas. Y ahí es donde las regulaciones locales son las que empiezan a hablar.

Aún se mantienen en secreto las concesiones que Disney propuso para que la fusión sea aprobada en Europa, pero se descarta que tendrá que ver con participaciones restringidas, por ejemplo, en la transmisión de deporte en vivo (como fue en los EE.UU.). Se sabrá qué sucede a mitad de noviembre.

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