Los ojos del escritor catalán Alejandro Palomas no disimulan la alegría de estar en Buenos Aires y de que sus libros finalmente estén publicados de este lado del Atlántico. "Desde hace mucho, mucho tiempo, quiero estar acá. Mi madre es chilena, me une mucho a este sur. Desde que empecé, me di cuenta que mi forma de escribir, mi intensidad es de aquí, este lugar me flipa", dice Palomas a BAE Negocios durante su visita. "Me quedaría acá, hay una intensidad, un color, una velocidad, es algo que se siente, no lo sé explicar. Hay distancia pero estoy en un lugar que entiendo muy bien, me comunico muy bien con la gente, enseguida las miradas las entiendes, también me despierta la curiosidad, me da como marcha, me gusto yo aquí. Volveré pronto, cuesta mucho sentirse bien en un sitio, así que no me lo voy a perder. Me quedaría, ya no me iría, creo que sería fácil. La energía de Buenos Aires y la mía se llevan muy bien", dice el escritor que presentó Una madre, la primera novela de la triología que ya se consigue completa en las librerías.

—¿Es cierto que la imaginó como la actriz Norma Aleandro?
—Siempre escribo para ella, no la conozco. Escribo pensando en teatro o cine, soy muy visual no puedes escribir si no imaginas, mis mujeres mayores siempre son ella, me fascina.

—¿Y cuánto tiene la protagonista de su novela, que busca reunir a su hijos en una cena, de su madre?
—Tiene mucho de ella, de mis hermana, pero sobretodo de la estructura de familia. Escribo de lo que tengo cerca. El color familiar, la dinámica, dos hermanas mayores y una madre divorciada albina. El arquetipo con que trabajo son ellas. Escribo mucho con la cámara al otro, estoy escribiendo y mirando todo el tiempo.

—¿Es más complicado escribir sobre personajes femeninos?
—Soy muy curioso, lo que no eres es lo que te provoca curiosidad. Escribir de mujeres es muy interesante. Hace unos años unas libreras me llamaron para decirme "necesitamos que vengas, tenemos muchas clientas que dicen que Alejandro Palomas no es un hombre, que es el seudónimo de una escritora". Hay que tener una capacidad de empatia y curiosidad importante. Lo que me provoca es la otredad. Me gusta mucho ser otro.

—¿A las familias les cuesta hablar de lo que les pasa?
—A todas, porque es curioso, parece que tenemos la obligación de dar nuestra mejor versión con quien más cerca tenemos, cuando debería ser lo contrario, uno no debería ser juzgado en la familia. Hasta que no se rompe, vamos a mantener esta burbuja en la que vivimos. Cuando uno se quiebra y habla, empiezan a quebrarse todos; y ya que está, me muestro un poquito también. Te exiges mucho con tu familia, es como que no quieres que vean que no has cumplido con las expectativas, nos queremos proteger de nosotros, de decirnos "oye, yo soy así, es lo que hay".

—¿Cómo surgió esta novela?
—Me llevó una cosa personal, un momento en que tomé conciencia, aquí en el plexo, que habría un día en que mi madre no estaría más. Cómo voy a a hacer cuando coja el teléfono y ponga "este usuario no existe". Pensé que no voy a sobrevivir a ese momento, no ser capaz, en mi superviviente dijo "vale, cómo puedo llevar esto", y ahí pensé tengo que escribir nuestra relación, escribir a mi madre, porque si no lo hago no sobreviviré, me estallará la cabeza. Empecé a escribir Una madre, y comenzó una creencia infantil; mientras escribo, le voy dando vida; mientras la ficcionalizo, la real no se irá, le voy dando pantallas, un recurso muy infantil.

—¿Qué dijo su mamá de la novela?
—Cuando terminó de leerla me dijo "cómo me gustaría tener una amiga como Amalia" (la protagonista). Entones le dije: "Vamos por partes, ¿cuántas mujeres albinas recién divorciadas, con dos hijas, con una hijo como este (se señala), con un perrito como el que está por ahí, conoces? "Ninguna", fue su respuesta. Ella estaba negando todo. Se sintió muy protagonista y ella nunca quiso serlo. Nunca fue a una presentación de mis novelas. "Soy albina, si alguien asocia que soy tu madre sé que nunca daré la talla. Seguro que creen que soy como Amalia y se quedarán a defraudados", me dijo. Nunca ha ido, así es ella, eso es Amalia. En el resto de la triología ella sigue siendo la protagonista.

—¿Y sus hermanas?
—La reacción de ellas fue muy graciosa. Les avisé que los personajes de la novela son parecidos a nosotros; quiero decir, hay bastantes puntos que a veces somos un poco reconocibles. "No te preocupes", me dijeron. Cuando la leyeron, mi hermana mediana me dijo que le había gustado, pero que cuando la lea la mayor me prepare. Me llama la mayor y me dice "he reído, he llorado, pero cuando la lea la mediana va a flipar". Ninguna se reconocía así misma pero sí a la otra. La triología fue una evolución en mi familia, las he escrito hermanadamente, les consultaba cosas.

—¿Qué le pasó con los abrazos?
—Me costaba mucho abrazar antes de escribir Una madre, de abandonarte en el otro, en el abrazo no hay mentira. Este mapa de abrazo no lo conocía, soy bastante desconfiado físicamente. Me di cuenta cuando escribía la novela. "Mamá, por qué nunca me abrazas", cuesta tanto decir eso. Ella se quedo totalmente descolocada. Ahora la abrazo fuerte, es un antes y un después. Dice tanto un abrazo, es tan sanador. No hay que decir más nada, el mapa esta ahí. Es tan fácil y tan díficil al mismo tiempo.

Y como no podía ser de otra manera, la entrevista termina con un abrazo fuerte.

Título: Una madre
Autor: Alejandro Palomas
Editorial: Destino
Páginas: 280
Precio: $799

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