La corrección política, las controversias respecto de la conducta de algunos artistas y las presiones que el universo del entretenimiento ejerce sobre las empresas del sector están causando algunos problemas inesperados. Spotify, la marca líder en el streaming musical, debió salir a aclarar su "nueva política" respecto de la eliminación de sus listas de difusión de artistas con "conducta de odio" o "discurso de odio". El pasado 11 de mayo, Spotify hizo pública su nueva política. En síntesis, dispuso no promocionar a aquellos artistas cuya conducta o sus dichos sean especialmente reprobables. La reacción de la industria musical, cada vez más dependiente del streaming, fue una ola de protestas contra la empresa. Ante eso, el CEO de Spotify, Daniel Ek, dijo en una conferencia la semana pasada que "volverían a pensar" su política respecto de las conductas de ciertos músicos.

¿Cuál era el problema central? Lo que aducen los músicos es que, según se comunicó, Spotify podía eliminar de sus listas a cualquier artista por acusaciones que no hubieran sido efectivamente probadas. También que no era para nada claro qué clase de contenido sería identificado como "discurso de odio". Por eso es que Ek declaró que "Spotify no permite contenido cuyo fin principal sea incitar al odio o la violencia contra las personas a causa de su etnia, religión, capacidad, identidad de género u orientación secual (...) Como hemos hecho antes, seguiremos removiendo contenidos que violen ese estándar; no hablamos aquí de contenido ofensivo, explicito o vulgar, sino de auténtico discurso de odio".

El problema de fondo excede con mucho a Spotify. Se trata del reverso del modelo de entretenimiento pago por el consumidor y no sostenido -como la radio o la TV lineal tradicionales- por la publicidad. De lo que se trata es de que la manera por la cual estos servicios se vuelven rentables es por la cantidad de usuarios pagos (Spotify tiene una versión gratuita sostenida por publicidad, pero a la que desea eliminar en breve) que puede sostener. Una mala política de difusión en una época donde existe una enorme sensibilidad ante temas de discriminación y donde las políticas identitarias están en auge generan el reflejo de parte de las empresas de "cubrirse" antes de que estalle una potencial crisis. En el caso de Spotify, volvió a difundir al rapero XXXTentacion, que tuvo varios problemas legales (entre ellos agresiones y cárcel), que "pagó" sus deudas con la sociedad, pero no lo hizo con R. Kelly, para quien, después de varios escándalos sexuales que incluyen acusaciones de grooming, el Time's Up Women of Color pidió un boicot. La sensibilidad pública hoy es, más que nunca, un factor de riesgo para el nuevo ecosistema de medios y contenidos, y el distribuidor queda en el medio entre el artista (y su vida) y el público.

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