El pasado domingo, a los 74 años, falleció en los Estados Unidos el productor y guionistas Steven Bochco. Su nombre quizás no sea tan conocido -fuera de su país- por el gran público, pero es él una de las razones -si no la principal- por las cuales las ficciones para la pantalla chica se volvieron relevantes y universales, dejaron de lado el cuento autoconclusivo de cuarenta minutos para crear universos narrativos densos, adultos y universales. Fue, en gran medida, el hombre que cambió las pantallas.

Sus primeros trabajos para la televisión incluyen guiones para la serie Columbo, a principios de los setenta. Después de muchos trabajos en el medio, fue el creador de una serie revolucionaria, El precio del deber (Hill Street Blues), un policial que transcurría en un precinto neoyorquino y no solo trataba casos policiales sino, sobre todo, las vidas violentas, conflictivas, emocionalmente alteradas de sus protagonistas. Ese drama en profundidad fue toda una novedad para el género y para el formato, y logró récord en premios Emmy entre 1981 y 1987 (en la Argentina se vio a mediados de los 80 en el entonces ATC, los domingos por la noche).

De allí derivó lo que fue su creación más conocida, NYPD Blues (Policías de Nueva York) que llevaba el mismo estilo más allá, con mayor franqueza de vocabulario, erotismo y crudeza al mostrar la violencia y la relación con la política. Fue un éxito enorme a pesar de que los anunciantes temían -iba por una cadena de aire, NBC- y estableció a Bochco como esa rara especie, el autor de TV. Su influencia (también con su creación L.A. Law) se siente hoy en el cable y en las tiras de SVOD, de largo aliento. Un revolucionario, sin dudas.

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