Sigue la marea de Toy Story y la taquilla argentina lo agradece después de los altibajos del primer semestre del año. Solo algunos tanques (todos de Disney, como explicamos la semana pasada) lograron hacer diferencias en las recaudaciones y de hecho los seis filmes estrenados de la firma son los únicos que pasaron hasta ahora la barrera del millón de entradas vendidas. No es poco, pero muestra que las recaudaciones dependen mucho menos del precio de las entradas que de la calidad de la cosecha de películas de cada año. Avengers y Toy Story eran apuestas seguras y cumplieron. A tal punto que, en segunda semana, la cuarta aventura de los juguetes tuvo casi un millón de espectadores de jueves a domingo y superó (por muchísimo) los tres millones de tickets. No existe película a la fecha -ni Minions, que es récord histórico con alrededor de cinco millones de espectadores- que haya llegado a esa cifra en diez días exactos. Aunque todavía le falta algo para alcanzar a Endgame, no quedan dudas de que será la película más taquillera del año, incluso si la saga de superhéroes tendrá un relanzamiento para vacaciones de invierno.

La concentración del negocio está aniquilando al cine argentino

No solo sucedió esto. El estreno Annabelle 3 forma parte de las pocas series de terror que recauda mucho, porque atrae también a quienes no son fanáticos del género. En este caso, la efectiva historia de muñeca malvada persiguiendo nenas en una casa, además realizada para atraer a público preadolescente y adolescente (es para 13 años, recuérdese) hizo más de un cuarto de millón de espectadores, lo que implica un número excelente al que pocos números uno del año se han aproximado (hemos tenido muchas semanas con ganadores por debajo de los cien mil espectadores). En total resultó una excelente semana para el negocio de la exhibición aunque es bueno ver qué pasa con algunas de las películas.

Sólo los estrenos de Disney de 2019 superaron el millón de entradas

Algo sucede con el cine de gran público nacional. Así como El cuento de las comadrejas se acerca con esfuerzo al medio millón (una cota bajísima para Campanella), la comedia No soy tu mami apenas ingresó en el tercer puesto con menos de 60.000 entradas vendidas. Lo que sin dudas es decepcionante. Pero no hay una sola película nacional que arañe ni de lejos el millón de entradas y es bastante difícil que suceda (habrá que ver qué pasa con La odisea de los giles, de Sebastián Borensztein, con Ricardo Darín y Luis Brandoni). Una pregunta urgente es qué pasó con ese público y por qué, más allá de la crítica, esas películas no convocan. No tiene que ver para nada con temáticas o elencos, aunque es evidente que todos los filmes grandes están construidos convocando solo a un puñado de actores cuyo nombre podría llevar público. En general son comedias o thrillers, los dos géneros que mejor funcionan en la Argentina. Y hoy están realizados con mucha pericia técnica. Quizás el problema es que el negocio grande del cine fue apuntando solo a niños y adolescentes, lo que fue disolviendo la curiosidad por otras formas. Lo decimos siempre, pero hay que recordarlo: la concentración en la exhibición aniquila públicos y el cine nacional lo está sufriendo.