Desarmadero donde Durruti, figura temida y respetada del bajo fondo, su negocio son los autos robados, desarmarlos y vender sus partes. Pero su "negocio" es el orden: que nadie haga lo que él no aprueba, que la policía y el poder político, con quienes tiene un pacto de hierro, no se vean obligados a sobre actuar y romper la armonía delictiva por acciones fuera del guion.

Pero la chispa se produce.

-¿Cómo surgió la idea de escribir sobre los desarmaderos?

-En realidad no pensé escribir sobre los desarmaderos en sí sino que en esa historia apareció ese escenario. Trabajar con la ficción implica dejarse llevar por eso que va apareciendo, estar dispuesta a entrar en el juego.

-¿Tuviste que investigar mucho?

-Justamente por tratarse de un registro ficcional y no periodístico la investigación no es necesariamente un punto de partida. Puede serlo pero en este caso no lo fue. Sí tuve que consultar algunas cosas en relación a ciertos funcionamientos administrativos de las fuerzas de seguridad. Pero eso suele venir en el momento de la corrección, a la hora de afinar detalles para que la historia tenga esa verosimilitud que solemos pedirle al género policial.

-No es un policial clásico, ¿cómo lo definirías vos la novela?

-Hace unos días una colega lo llamó "policial oblicuo" y me gustó mucho pensarlo así. Es una novela negra. Lo que tiene de policial no está atado a la resolución de un enigma sino a un cierto clima.

-¿Cómo fuiste encontrando a cada uno de los personajes?

-Los personajes aparecen, llegan solos. No sabría cómo explicarlo de otra forma. Se me presentan. Mi trabajo consiste en prestar atención para poder traducir a palabras lo que veo.

-¿Por qué atrae el mundo del hampa?. También incorporas a la policía corrupta

-Habría que volver a definir qué es "el hampa" hoy. Dónde está la criminalidad, cómo se sostienen los delitos que vemos en las páginas de policiales. De qué modo esos delitos a veces están sostenidos o protegidos por una maquinaría "legal" que se beneficia con ese mundo delictivo. Pero también pensar más allá de eso con una pregunta inquietante: la justicia, los abogados, el servicio penitenciario, las fuerzas de seguridad ¿no necesitan el delito para poder existir? ¿No es justamente el hecho de que haya delitos lo que los mantiene funcionando?

-¿Qué te gustaría que el lector encuentre?

-Una historia que, en el mejor de los casos, los atrape, les permita entrar en un relato. Si además algo de lo que cuenta ese relato produce algún cambio o algún tipo de emoción, mucho mejor. Como lectora voy a los libros porque me da placer entrar en una historia. Diría eso, entonces: me gustaría que encontraran en este relato algún momento de placer por la lectura.

- ¿Qué significa para vos escribir?

-Es lo que más me gusta hacer, después de leer. Siento que es algo que amplifica mi experiencia de vida, que me permite ir más allá de mí en cierto modo. Un juego. Uno de los que más me gusta jugar.

-¿Cuándo supiste que querías ser escritora?

-Habría que definir primero qué decimos cuando decimos que alguien es escritor o escritora. Yo pienso este hacer como un trabajo. En ese sentido, creo que reconocerme como escritora fue algo que sucedió a los veinte años quizás. En esa época. Pero siempre me sentí "una persona que escribe". Vengo haciendo garabatos desde que tengo memoria.

-¿Cuál es el rol de la literatura?

-Una pregunta imposible de responder. Por lo menos para mí. Yo diría que lo mejor que se puede hacer es liberar a la literatura de cumplir ningún rol más que ser lo que es.

-¿Importa la verdad en la literatura?

-La ficción propone otras miradas sobre esa abstracción que es la verdad. ¿Quién puede decir que conoce la verdad? ¿Quién ha logrado acceder a ella? Si existe algo como eso creo que tiene una complejidad mayor a la que podemos percibir los seres humanos. No somos capaces de tener en cuenta todas las variables. De todos modos, y por suerte, la literatura no necesita definir o recortar ese campo de "la verdad". A eso quizás lo persigan las religiones: discursos dogmáticos que excluyen a otros discursos acusándolos de herejía. En la literatura no hay una verdad sagrada, todas las palabras vienen a decir algo. Y aún así, ese algo siempre se nos escapa.