Es un poco difícil encontrar autores en la pornografía, aunque los hay. De varios hemos hablado en algunas de estas columnas, por cierto, e incluso recomendamos películas. Pero como en cualquier campo de la cinematografía, el porno tiene sus “famosos” sin estilo personal y los que sí desarrollan un arte (porque creen que es un arte, justamente) que intenta ser algo más que la mera presentación de escenas sexuales no simuladas. Y allí entra un señor llamado Bill Osco.

Probablemente crean que la primera película pornográfica con distribución “normal” fue Garganta Profunda. En realidad, no: antes aparecen dos, Blue Movie, de 1969, que era una colección de secuencias de sexo explícito sin trama, y Mona the virgin nymph, de 1971, donde sí se cuenta una historia que justifica y sostiene las secuencias explícitas. Mona... es de Bill Osco y, aunque se estrenó sin títulos de crédito para evitar problemas legales, logró ir a los cines sin clasificación por edad (que, vamos a recordarlo aquí, es algo voluntario en los Estados Unidos y lo impone una asociación privada, la MPAA). Mona es la historia de una chica que le ha prometido a su madre que llegará virgen al matrimonio. Lo que cancela el uso que puede darle sin anillo a su vagina, pero no a otras partes del cuerpo. Lo que lleva a que haya secuencias de fellatio, lesbianismo y orgías sado. Es bastante ingeniosa la película y condenaba la doble moral de cierta parte de la sociedad estadounidense de un modo absolutamente burlesco. Los actores eran pocos, por cierto, tres mujeres y tres himbres, y una de las señoritas no tenía secuencias eróticas en su guión. Pero lo más interesante consiste en el humor constante y agresivo que Osco ponía en funcionamiento en la pelí- cula. Aunque es cierto que tiene suficiente porno como para que el erotómano se haga una fiesta, lo más importante es el acto subversivo que implicaba su trama.

Con los dos millones de dólares que ganó, y después de hacer otro film erótico que se ve muy mal porque no hay copias de buena calidad, Harlot, Osco realizó una parodia hermosa llamada Flesh Gordon, cuyo objeto de sátira eran los seriales de la década de los 40. Hay mucho sexo, pero tampoco en esta ocasión es lo más importante: las secuencias eróticas están colocadas para burlarse de los personajes en casi todos los casos. Hay muy bizarros efectos especiales y esto es central. Osco entiende que carece del capital y la tecnología para hacer, digamos, Star Wars (que es de 1977 mientras que Flesh... es de 1976), entonces hace que los efectos sean evidentes, que todo sea un poco grosero a propósito. La película es bastante cómica y tiene mucha gente en pantalla, Hay una versión “no porno” que solo incluye algunos desnudos, algo simple de hacer porque no está saturada de sexo. Lo interesante es que a Osco le gusta la comedia y burlarse de las convenciones sagradas o los mitos de la cultura de masas de los Estados Unidos.

Lo que nos lleva a su película más exitosa, la que tuvo una recaudación mundial de más de u$ 90 millones, créase o no, y aún en circuitos de salas pequeñas. Esa película, absolutamente recomendada para cualquiera que quiera ver qué cosas se pueden hacer en y con el cine, es Alice in Womderland: an X-Rated Musical Comedy, que incluso tuvo su versión offBroadway hace unos años. Es cierto que tiene algunas torpezas fílmicas, más bien técnicas, que provienen de lo precario de los medios. Pero no le falta ambición: las canciones -muchas- son originales, y se toman muchos parlamentos y situaciones de los libros de Lewis Carroll, mucho más cercanos al surrealismo que a la infancia. Alice es aquí una jovencita (Kristine DeBelle) que cruza al “otro lado” para iniciarse con bastante alegría en el erotismo, haciendo realidad una serie importante de fantasías. Aquí todo está montado y armado para que la impresión, a pesar de que las imágenes son explícitas, sean más de felicidad, libertad y erotismo que de salvaje excitación. Y es, también y al mismo tiempo, una buena sátira social (el texto final dice que Alice, después de esa experiencia, fue feliz, en una casita con varda blanca, muchos niños y un lindo perrito, lo que no deja de ser un comentario sarcástico después de lo que vimos). Hay muy pocas películas donde el sexo sea tal sinónimo de felicidad, a decir verdad, y es raro que nadie la recuerde como sí a otras películas menos brillantes del mismo género.

Bill Osco es una especie de cineasta de los que no suelen existir. Era un autor en dos sentidos: técnicamente tenía un modo de utilizar el encuadre y el montaje específicamente propios. Y temáticamente, sus cuatro películas giran alrededor de la idea de una doble moral, de que el mundo de nuestras fantasías y nuestros deseos está desligado por razones a veces absurdas del mundo cotidiano. Por eso es que sus dos películas más famosas tienen que ver con la fantasía (masculina en el caso de Flesh Gordon, femenina en el caso de Alice), con lo que se puede encontrar “del otro lado”. Y su enfoque siempre ha sido satírico, es decir mirar con distancia y sorna las constantes de una sociedad para mejor disponer de sus absurdos. No necesariamente es un parodista (aunque Flesh... y Alice son también parodias), sino alguien que quiere sacudir un poco los lugares comunes del mundo hipócrita que lo rodea. Sus películas -salvo Harlot- se pueden encontrar casi sin dificultad en la mayoría de los servidores porno gratuitos, pero deberían de estar también en los sitios “normales” de cine. Porque es cine, uno que supera la pornografía.