A pocas cuadras del Abasto y alejado de la intensidad palermitana se encuentra Almagro, un oasis porteño donde el encanto histórico y la movida cultural se hacen sentir en cada calle. El teatro independiente, las milongas y los centros culturales son parte de su atractivo artístico que, sumado a las propuestas gastronómicas y sus bares pintorescos, convocan a un público joven -y no tanto-.

Ya sea para tomar un café mientras leen un libro, tomar el aperitivo de la tarde o disfrutar de unas auténticas pastas con sello italiano, Musetta es el lugar indicado. Una esquina tranquila con un aire parisino, transitada en su mayoría por bicis, donde las mesas en la vereda y su acogedor interior atraen a vecinos del barrio, artistas, escritores y parejas recién salidas de una función de teatro independiente. Algunas noches se puede disfrutar de un íntimo recital a cielo abierto (a la gorra, por supuesto) mientras saborean las típicas bruschettas de la casa acompañadas por una copa de vino o uno de los exquisitos tragos que ofrece la carta. Aunque los motivos para visitar este café/restó/bar/espacio de arte son muchos, el secreto de Musetta está en la calidez que transmite su anfitriona, Cristina, una tana que llegó a Buenos Aires y se enamoró de las calles almagrenses. Al visitar la esquina de Billinghurst y Tucumán, no se olviden de saludarla.

A pocas cuadras se encuentra Pierino, una cantina histórica que abrió sus puertas en 1909, donde casi todas las noches es común ver gente afuera esperando para degustar buenos y generosos platos de cocina italiana. La propuesta gourmet incluye pastas caseras variadas, entre las cuales se destacan los ravioles de cordero y sus salsas o el infaltable tiramisú. La esquina de Lavalle y Billinghurst es una visita obligada en el barrio y es frecuentada por familias, artistas de todo tipo y bailarines de tango.

La movida nocturna de Guardia Vieja y Bulnes se extiende hasta la madrugada

Unos metros más adelante está Lupo, una de las últimas incorporaciones de Almagro y el hermano menor de Pierino. Los hijos del dueño de la cantina, que crecieron trabajando en el negocio familiar, decidieron ampliar la propuesta al incorporar este nuevo espacio de estilo joven y gourmet. La vereda de Lavalle donde se encuentra, está intervenida con stencils y lucecitas amarillas que acompañan la colorida fachada del lugar. El fuerte del lugar son las pizzas, que se cocinan en horno a leña, y tienen una masa crocante y finita. Se puede elegir entre varios sabores e incluso optar por la “bianca” o “rossa”, con o sin salsa de tomate. A su vez, la carta incluye distintas entradas para degustar (exquisita la burrata y la empanada de cordero) y cerveza artesanal bien helada. En estos días de verano, es imposible pasar por Lupo y no tentarse con un Negroni al atardecer en la vereda.

El bar de Kowalski llegó al barrio hace un tiempo con una impronta cultural que rápidamente conquistó a los vecinos. Todas las noches ofrecen una propuesta distinta, desde proyecciones de cine, recitales, encuentros literarios, lecturas de poesía y hasta la “Playa Almagro”, su evento más conocido que consiste en un fogón al aire libre (en uno de los patios más bellos del barrio) con música, reposeras, tragos y, según la época del año, mantas para los asistentes. El espacio abre a partir de las 19hs y hasta la madrugada, en Billinghurst 835.

Entre los árboles y las mesas que copan las veredas de Guardia Vieja, se encuentra una de las joyas del barrio, La Vieja Guarida. Este Ph antiguo de techos altos que, de la mano de un grupo de amigos y socios, supo transformarse en un espacio pintoresco y renovado pero que nunca perdió la esencia que hace al barrio Almagro. Con paredes de colores y cuadros de artistas que se renuevan mes a mes, un patio interior con un mural enorme, mesas altas y techo corredizo que en verano se mantiene abierto, este bar cultural se ganó el corazón de los vecinos y, por qué no, también de los porteños. La Vieja Guarida cuenta además con una sala donde se realizan talleres, exposiciones, recitales, clases de baile, proyecciones y obras de teatro. Y, como si fuera poco, buena gastronomía a precios razonables y una amplia oferta de coctelería, porque cabe mencionar que la movida nocturna de las calles Guardia Vieja y Bulnes, se extiende hasta altas horas de la madrugada. Esta esquina es, sin dudas, el punto de encuentro de los millennials bohemios almagrenses.

Los clásicos

Fundada en 1927 por inmigrantes italianos, Pin-Pun es la pizzería más visitada del barrio (y tal vez de todo Buenos Aires). Este clásico de la Av. Corrientes y a pasitos de Medrano, tiene un salón con barra y mostrador donde los habitués se acomodan para comer al paso hasta altas horas de la noche. La carta incluye variedades de pizza y empanadas, aunque no se puede dejar de probar la especialidad de la casa: la muzzarella 500 grs. La masa de Pin-Pun es crocante y esponjosa, un manjar que sigue vigente después de 90 años.

Le compite en historia, aunque con una impronta diferente, el famoso café declarado Bar Notable “El Banderín”, fundado hace casi 100 años. Un reducto con herencia tanguera que debe su nombre a los cientos de banderines que invaden el lugar, y una parada obligada para los amantes del vermouth y la “picadita”. En un recorrido por Almagro (y por el pasado), no puede faltar la visita a la esquina de Billinghurst y Guardia Vieja.

Entre nuevos emprendimientos inmobiliarios y comerciales la esencia tanguera del barrio supo mantenerse viva gracias a espacios como La Catedral. Un galpón único y enorme donde funciona una de las milongas más conocidas de Buenos Aires, y de las más visitas por extranjeros. Aficionados del tango y primerizos se acercan todas las noches a disfrutar de una clase, un espectáculo, unos tragos o simplemente para despuntar del vicio en la pista. Las puertas de La Catedral se abren desde las 21hs aproximadamente y el baile se extiende ha