Pasaron catorce años desde que Los Increíbles logró encontrar la manera de representar lo humano en la animación digital. Además, aquel segundo largo de Brad Bird era una obra maestra que lograba conjugar un imaginario gigantesco (superhéroes, films de espionaje, sitcom familiar alla Simpsons) en una historia consistente que no esquivaba temas difíciles como el paso del tiempo, el valor de la familia y del trabajo, lo moralmente correcto versus lo legalmente correcto, etcétera. Sigue siendo una película divertida, cómica, llena de suspenso y profunda. Los Increíbles 2 tiene todo lo que aquella. Y el problema, sin dejar de ser divertida, cómica, llena de suspenso y profunda, es que no añade nada a lo visto: simplemente toma casi el mismo derrotero de la historia y lo declina en femenino. Como novedad, no alcanza, aunque el espectáculo -notable y creativo- equilibra el asunto. El placer sigue.