Acabo de registrar una cuenta en Nutaku. Se trata de un sitio que dispone de juegos eróticos (bueno, pornográficos, aunque esto podría llevar a una discusión interesante) con una variedad enorme. La mayoría son juegos -digamos- heterosexuales aunque sería bueno explicar el "digamos": están diseñados para hombres porque el fin de cada uno es conquistar a una o varias chicas, llevarlas al orgasmo, etcétera. Bueno, tampoco tanto "etcétera", porque no se trata de un campo con demasiadas variables que digamos. En general todo, desde el diseño de los dibujos hasta el fin que se busca en cada juego, está referido a la adolescencia. Me lleva a pensar, de paso, que por lo menos tres generaciones han detenido su forma de entretenerse en la adolescencia. Es probable -yo mismo pertenezco a la primera generación que tuvo algún tipo de videojuego en la infancia- que las computadoras, lo virtual y lo digital haya alterado definitivamente nuestro universo del ocio.

Pero volviendo a Nutaku, entré en varios de esos juegos. Hay algunos interesantes, como los simuladores de citas. Se trata de juegos donde uno tiene que aprender a seducir a la chica y, luego, a comportarse en los menesteres eróticos como todo un caballero. No es sencillo, y la verdad es que algunos de estos juegos son bastante divertidos. Claro que también hay otros en los que el progreso se da ganando puntos al juntar tres piezas en un tablero a lo Candy Crush. El juego del que hablamos se llama 7 Angels y al mismo tiempo, a medida que van pasando niveles, el programa regala al usuario fotos porno exclusivas (hay 500 para ganar). Pero sucede algo curioso: uno simplemente se olvida de la "trama" de seducción del juego y de sus implicancias eróticas. También de las imágenes en sí. Lo que prima es la necesidad de pasar niveles, de competir contra uno mismo, de acumular premios y puntos. Pasa exactamente lo mismo que con otros juegos "casuales" que pululan por la red ¿o alguien presta atención a las expresiones cómicas de los pajarillos de Angry Birds Friends, pongamos por caso? De hecho... ¿Recuerdan que son pajaritos?

Los juegos nos permiten un grado de interactividad que hace que atisbemos cómo sería vivir en un mundo ajeno a la experiencia

Hay otros juegos mucho más sofisticados. Fake Lay es, creo, de los más raros y polémicos. Se trata de fingir ciertas profesiones para conquistar chicas, llevarlas a la cama, filmarlas, incluso monetizarlas (perdón el neologismo, pero estamos en un medio económico) para forjar un imperio. Por un lado uno se transforma en el Gran Hombre Capaz De Seducir A Todas; por el otro, en un millonario un poco proxeneta, digamos todo. ¿Es criticable este juego? Pues bien, pasan varias cosas. La primera, que el diseño es satírico, lo que hace que uno no se lo pueda tomar en serio (del todo). La segunda, que todo es un absurdo monumental, incluso si está guiado por las locas fantasías calenturientas de un cerebro colonizado por el acné. Tercero, que de algún modo esas fantasías existen a pesar de todo en muchas personas, muchísimas, que no son necesariamente "malas personas", y acceder a ellas de este modo tiene su costado catártico. El universo es demasiado correcto y nuestras tendencias anárquicas deberían encontrar un cauce inocuo, y este (quizás) lo es. Pero lo más interesante del asunto es que, nuevamente, el afán lúdicro pasa por encima de lo temático y así es más importante sacar puntos que seducir señoritas. La parte porno, nuevamente, pasa a ser algo de mucho menos peso que la mecánica de acumulación de puntos y búsqueda del triunfo del juego.

Lo que me lleva a pensar que pasa en todo. Probé uno bastante interesante, una especie de Final Fantasy con sexo llamado Kamihime Project. Se trata de luchar batallas épicas con personajes femeninos en un reino de fantasía. Por supuesto, se van ganando habilidades a medida que el juego progresa y, por supuesto también, hay una narrativa que une las diferentes instancias. La idea de inmersión total en un mundo específico fuera de nuestra experiencia cotidiana funciona bastante bien, y la variedad de detalles hace que uno pueda quedarse bastante tiempo dentro del programa. Claro que hay sexo, y ese sexo está integrado al juego y a sus resultados. Pero lo bueno del asunto es que no se lo juega solo por el sexo, ni se lo juega solo por las batallas. Se lo juega para salir del mundo real, ni más ni menos.

Quizás no hayamos pensado demasiado en el término "entretenimiento". Significa, justamente, pasar el tiempo en otro lado, en otro tiempo. Pero justamente lo hacemos para que nuestra vida cotidiana, el esfuerzo de todos los días, tenga un sentido: poder mirar por un rato otro mundo. Por cierto, esto nos llevaría a hablar de la religión y su sentido (no estaría mal, pero no es el lugar) dado que tiene un lazo con el arte (y el entretenimiento es una de sus propiedades, justamente). Por ahora, veamos qué es esto de jugar juegos que incluyen algo pornográfico.

Por encima de las películas, donde lo que genera nuestro deseo es justamente la impotencia, la imposibilidad de participar físicamente en aquello que vemos, los juegos tienen otra dimensión se basan específicamente en la interactividad. Y eso nos permite espiar cómo serían ciertas experiencias. Por cierto no estamos en el universo de Ready Player One con sus trajes táctiles y plataformas de múltiple movimiento. Pero sí en un universo donde la atención al detalle de los juegos apelan a nuestras fantasías con símbolos bastante interesantes y poderosos. Además de que casi todos ya sabemos cómo "comportarnos" -mentalmente- frente a lo que nos presenta un videogame. Dicho esto, es cierto que muchos de los lugares comunes que explotan estos programas son machistas, estereotípicos, incorrectos, etcétera. Pero decir también que esto "cause algún daño" es una exageración. Salvo que estemos locos -y en ese caso no es necesario que haya un juego- sabemos diferenciar lo real de lo que no lo es. Que prefiramos la ficción a la realidad habla de los prejuicios y la tristeza de lo real.

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