"Como en la vida, en la literatura podemos hacer planes pero se desarma todo"
La escritora Mori Ponsowy acaba de publicar su nueva novela "La nueva vida de Valdi Bonetti".
-Te llevó 10 años escribir esta novela ¿ por qué?
-Suelo avanzar muy lentamente en la escritura pero, además, con esta novela tuve que interrumpir el trabajo varias veces. La primera vez fue porque me di cuenta de que todavía no tenía las herramientas necesarias para escribir la historia que quería contar. Mis novelas anteriores eran más cortas, abarcaban un período de tiempo menor y tenían pocos personajes. En cambio, esta novela abarca toda la vida de una persona y, además, tiene de fondo un período determinado en la historia de Venezuela, que es el país donde todo esto transcurre. Yo no sabía manejar tantos elementos simultáneamente y necesitaba pulir mis herramientas de escritora antes de seguir adelante. La manera de hacer todo esto fue escribir otra novela, una más compleja que las que ya había escrito, pero más simple y menos ambiciosa que "La nueva vida de Valdi Bonetti".
La segunda vez que interrumpí la escritura fue años después, durante mi primer viaje a Japón. Esa vez ocurrió casi sin que me diera cuenta: mi intención durante ese viaje era avanzar un par de horas en la novela todas las mañanas antes de salir a recorrer Tokio, a donde se había mudado mi hijo, pero pocos días después de llegar sentí la necesidad de dejar a Valdi de lado y escribir sobre el viaje que estaba haciendo. Fue así como nació "Oksan". Recién ahora me doy cuenta de que encontré mi voz como escritora con ese libro. Sin "Oksan" no habría encontrado el tono que necesitaba para esta novela.
Escribir una novela es un proceso largo y solitario, como el del nadador de fondo. Sólo la terquedad y la disciplina te hacen seguir. Tardé más de diez años en escribir "La nueva vida de Valdi Bonetti". En el camino quedaron unas cuantas versiones viejas que no servían para nada. A veces uno cree que un capítulo quedó maravilloso pero, cuando lo lees unos meses después, te das cuenta de que no sirve para nada. En situaciones como esa, uno puede tirar la toalla pero también puede pensar que está subiendo una montaña y que la cima siempre queda más allá de lo que parece. Entonces sigues dando pasitos o brazadas, una después de otra, porque en el fondo no sabes hacer ninguna otra cosa.
-¿Cómo surgió la historia?
-Lo primero que se me ocurrió de esta novela fue la escena final: es de noche y un hombre está solo en un descampado, rodeado de perros callejeros; ha encendido una fogata y llora en silencio, mirando el cielo, porque su pequeño hijo no lo quiere ver. Luego se me ocurrieron los primeros párrafos: una mujer recibe una llamada telefónica y le parece reconocer en la voz de quien llama a la primera esposa de un hombre con quien también ella ha tenido una relación. Ese fue el principio de la novela durante algunos años hasta que Valdi se adueñó por completo de la historia y me di cuenta de que tenía que cambiar el inicio porque la trama había dejado de girar en torno a ellas. Tampoco alcancé a escribir esa escena final con los perros porque en el camino apareció otro final y la idea del baldío hubiera quedado traída de los pelos. La escritura es como la vida: podemos hacer planes e imaginar situaciones, pero luego viene la vida con su ironía y su falta de piedad y desarma todo lo que tan minuciosamente habíamos armado.
-¿Cómo definís a Valdi Bonetti?
-Quise contar la historia de un artista que nació con muchos talentos, que en su juventud fue muy amado y admirado y que, luego, no supo -o no pudo- encausar su creatividad, ni esa personalidad suya tan cautivadora, hacia un destino luminoso. ¿Qué hiciste con todos los talentos que te di?, dicen que nos preguntará Dios. Y yo me pregunto cuánto depende de cada uno de nosotros sacar provecho de esos talentos y cuánto depende de la geografía, de las circunstancias, de la familia, de los genes que nos tocaron y del momento histórico en que nacemos. ¿Qué papel juega la voluntad y cuánto depende sólo del azar? Me conmueve profundamente pensar en el talento desperdiciado. Por cada artista y cada genio que logra destacarse, debe haber miles y miles que fracasaron en el camino y otros tantos que ni siquiera tuvieron tiempo de descubrir su propio talento. El dios que hace aquella pregunta tiene muy poca misericordia.
-¿Cómo es esa Venezuela en la que transcurre la novela?
-Para mí era muy importante que la historia de las últimas décadas en Venezuela operara como telón de fondo de esta novela. Las personas no nacemos, ni vivimos, en un vacío: el clima de época también hace que seamos quienes somos y da forma a nuestros destinos. La novela condensa la historia de las últimas décadas de Venezuela en la vida de una sola persona: comienza a fines de los ochenta, cuando Venezuela era un país próspero, pero luego va hacia atrás en el tiempo, a la infancia de Valdi, durante los cincuenta y sesenta, cuando hubo una ola de inmigrates europeos que fueron allá en busca de mejores condiciones de vida. Los últimos capítulos muestran una Venezuela ya franca en disolución económica y social. Venezuela, en la década del 90, era un país rico en el que la riqueza estaba muy mal distribuida y ahora es un país pobrísimo donde la riqueza sigue estando mal distribuida, y la escasez y la pobreza son abrumadoras. Sin embargo, no quería que ese fuera el punto central de la novela y que eclipsara a los personajes cuyas vidas quería contar y, por eso, la situación del país está contada con pinceladas apenas.
-¿Cómo se hace para dejar amar a una persona?
-Creo que la única manera es rendirse al paso del tiempo y esperar a que el recuerdo de la persona amada se vaya haciendo más tenue. Aun así, es probable que a algunas personas nunca las dejemos de amar del todo.
-¿Por qué el titulo?
-La nueva vida de Valdi Bonetti hace alusión a La vita nuova de Dante, un autor al que Valdi suele mencionar, y es una frase que él dice en un momento cuando piensa que puede enderezar todo lo que en su vida parece irremediablemente torcido. Sin embargo, el título también remite a la novela en sí misma: el libro es el lugar donde Valdi adquiera una nueva vida, una vida de ficción en la que puede ser Napoleón eternamente, eternamente niño y, también, equivocarse eternamente.
-¿Cuándo supiste que querías ser escritora?
-A los doce años. Ya antes había escrito algunos cuentitos y poemas, pero fue a los doce cuando me di cuenta de que eso era lo que quería ser.
-¿Qué te da la escritura a vos?
-Una manera de poner orden en el mundo que, a fin de cuentas, es puro caos. Escribir no siempre me da respuestas pero sí me permite al menos saber cuáles son las preguntas. Escribir también me permite saber qué pienso porque en el proceso de escritura uno se descubre pensando cosas que hasta ese momento no sabía que pensaba.
-¿Tenes rutina para escribir?
-Sí. Escribo casi todos los días por las mañanas hasta las dos o tres de la tarde y por lo general lo hago aunque no tenga demasiadas ganas de hacerlo. Me queda el resto del día libre para todo lo demás.
-¿Te cuesta deja ra los personajes?
-Dejar a los personajes después de tantos años trae el alivio del trabajo terminado, de la misión cumplida. Lo que resulta más difícil es vivir sin angustia el período que va desde que se termina de escribir una novela hasta que te encuentras de nuevo sumergida en otra. Esos meses -o esos años- parecen un tiempo vacío, sin sentido. Uno está a la espera de que llegue la próxima historia, pero no hay nada que podamos hacer para apurar ese proceso de gestación más que esperar y confiar en que va a volver a ocurrir.
-¿Qué te gustaría que el lector encuentre en esta novela?
-Me gustaría que el lector encuentre que es posible querer y entender a todos los personajes simultáneamente: a ese padre que no sabe ser padre, a la madre del niño, al niño, a la narradora. Me gustaría que pudiera perdonar a Valdi. Pero lo que más me gustaría es que mientras dure la lectura el lector pueda olvidarse de su propia vida, de sus circunstancias. Que pueda encontrarse viviendo una vida distinta a la suya, que las horas pasen sin que se dé cuenta: ese es el milagro de la literatura.
