Nunca en fútbol, se sabe, hay resultados asegurados. Que la lógica luce ausente en el juego es tan viejo como el deporte mismo. Y las inversiones millonarias para reforzar planteles tampoco son en estos tiempos modernos una garantía de éxito. Para muestra de esto último basta el ejemplo del modelo actual de River, hundido sin asomar cabeza en lo que va del año a pesar del desembolso de casi 20 millones de dólares en refuerzos.

A las puertas de su debut en la Copa Libertadores el próximo miércoles como visitante del Flamengo en Brasil, el equipo conducido por Marcelo Gallardo no encuentra el rumbo. Ocho derrotas en los últimos 15 partidos, fuera de la pelea por la punta en la Superliga y alejado por el momento de los puestos de clasificación a las copas internacionales de 2019, el Millonario no sale a flote (volvió a sufrir una derrota este fin de semana, 0-1 en Liniers ante Vélez) que lo hizo igualar la peor racha de caídas de su historia: seis consecutivas en condición de visitante, algo que no se daba desde 1940.

Al nuevo mercado River ingresó con una ambiciosa renovación de Gallardo por 4 años

El Millo sumó por última vez como visitante el 1º de octubre pasado (empate con Tigre), aunque su última victoria fue en San Juan (3-1 a San Martín a mediados de septiembre).

Sin luces en su juego que alienten la idea de que su crisis solo se deba a falta de fortuna, la floja campaña trae en consecuencia a la mesa los casi 4 millones de dólares pagados al Atlético Nacional de Medellín por el arquero Franco Armani y los casi 11 millones de la misma moneda erogados por Lucas Pratto para repatriarlo del San Pablo.

Esas sumas, de importante calibre para el mercado argentino, se engrosaron además con los 300 mil dólares (y una opción de compra de 3,5 millones de dólares por el 50% del pase) por el colombiano Juan Fernando Quintero al Porto.

Y el paquete de gastos se hizo todavía más pesado en Núñez con la llegada de Bruno Zuculini por poco más de 4 millones de dólares (por la mitad de su pase) girados al Hellas Verona (el 60% de ese monto) y al Manchester City (el 40% restante).

Después de enfrentar los micrófonos más de una vez en lo que va del año para hablar de los arbitrajes por los que se vio perjudicado, Gallardo encaró su último análisis finalmente con autocrítica: "La verdad es que estamos con mucha bronca y amargura. Tenemos que cambiar. Soy el máximo responsable".

"Tenemos que encontrar las respuestas. Hay que poner el pecho ante el viento que se nos viene en contra. Es difícil encontrar las respuestas a este momento. Soy el responsable de que el equipo funcione. Pero necesitamos un partido que nos permita recuperar la confianza, de soltarnos futbolísticamente. Es una realidad que estoy preocupado. No hay nada que ocultar, no hay que mentirle a la gente", resumió el Muñeco a los periodistas.

Más allá de su arranque copero la oportunidad de detener esta caída libre en la Superliga River la tendrá el 10 de marzo próximo cuando visite en Paraná a Patronato.