La coronación en el ATP 500 de Acapulco hace días no solo lo había puesto en el selecto grupo de los ocho mejores del mundo. La vuelta a alzar un trofeo confirmaba que su ascenso podría tener una estela detrás, cimentada en un potencial que luce a pleno, trayéndole mayores satisfacciones. Con el envión de aquella victoria en suelo mexicano y aprovechando su gran momento, Juan Martín Del Potro se medía ayer a esa leyenda llamada Roger Federer, número 1 del mundo y máximo favorito al título en la final del Masters 1000 de Indian Wells, en Estados Unidos. Tras poco más de 2 horas y cuarenta minutos de tenis de alto vuelo de ambos lados, el festejo fue para el argentino por 6-4, 6-7 (8) y 7-6 (2) después de haber levantado tres pelotas de partido en el 5-4 -con el saque del suizo- en el último parcial.

El tandilense pasará ahora a verse en el puesto número 6 del ranking mundial, y en ausencia de las grandes figuras que por lesiones no estarán esta semana en el Masters 1000 de Miami, volverá a ponerse el rótulo de candidato sobre el cemento en la península de Florida buscando quedar definitivamente perfilado para asaltar el tercer lugar del escalafón ATP, algo que sacando cuentas no le resulta descabellado de aquí a ocho semanas.

En su camino a la final, Delpo dejó en el camino al canadiense Milos Raonic (38 ATP) por 6-2 y 6-3 en la semifinal jugada el sábado, y con anterioridad había vencido sucesivamente a Alex De Minaur en segunda vuelta, al español David Ferrer, a su compatriota Leonardo Mayer y al alemán Philipp Kohlschreiber en cuartos.

Con este nuevo título, el número 22 de su carrera, La Torre de Tandil, que se hizo de un premio de u$s1.080.000 se anotó el séptimo triunfo en su historial con el suizo en 25 enfrentamientos, igualó al croata Marin Cilic y al suizo Stanislas Wawrinka, los únicos tres tenistas en ganar, al menos, un Grand Slam y un Masters 1000 fuera del póquer que conforman Federer, Rafael Nadal, Novak Djokovic y Andy Murray.