Rusia había ganado el medallero de los Juegos Olímpicos de Invierno Sochi 2014 y la ventilación de numerosos casos de doping de sus atletas, con probadas muestras de un empleo sistemático de sustancias prohibidas provistas de manera colectiva a gran parte de su delegación, derivó en el escándalo. Como consecuencia de ello, el Comité Olímpico Internacional (COI) obró con una decisión que tardó en llegar, después de muchos cabildeos, pero que hizo que cientos de atletas rusos implicados en aquella acusación de doping de Estado fueran impedidos de asistir a los recientemente finalizados Juegos Olímpicos de Pyeongchang.

La sanción del COI se extendió a la prohibición de Rusia como nación en dicho evento, previa autorización para la competencia de contados atletas limpios de cargo y antecedentes, en carácter de participantes neutrales, los cuales vistieron un uniforme acorde a ese rótulo sin disfrutar de himno y bandera nacional en caso de podios (el único oro fue el de la patinadora de quince años Alina Zagitova).

La historia, la página más negra del olimpismo a nivel nacional en suelo ruso, tuvo el agregado de una multa de 15.000.000 de euros al COI, y un final dilplomático tras la culminación de la cita de Corea del Sur este domingo pasado: el levantamiento de la suspensión.

La decisión, criticada por algunas voces de peso en el mismísimo seno del COI, fue dada a conocer después de que no hubiera más que tan solo dos casos de doping de deportistas rusos en Pyeongchang.

La noticia devolvió la membresía olímpica al Comité Olímpico Ruso, haciendo que los derechos de la entidad quedan plenamente restablecidos, dejando en puntos suspensivos por el momento lo que vaya a suceder con la sancionada Agencia Antidoping de Rusia (Rusada), cuya rehabilitación dependerá de la Agencia Mundial Antidoping (WADA).

Sin más casos positivos que los de Alexander Krushelnytsky y Nadezhda Sergeevajha entre los 169 miembros de Atletas Olímpicos de Rusia (OAR), el equipo de ese país autorizado a competir en Pyeongchang, el COI se inclinó por volver a integrar a la bandera rusa a la familia olímpica, tras considerar que ese par de casos detectados respondieron a actos individuales, fuera de toda planificación institucional como había sucedido en Sochi.