El fútbol tiene estas cosas, un partido que en la previa se presume favorable, pero que después termina con resultado catástrofe y en consecuencia dando rienda a un mar de críticas. Lo impensado, en este caso, es que lo propio le haya pasado nada menos que al Barcelona.

Eliminado en cuartos de final de la Liga de Campeones de Europa con un humillante 3-0 ante la Roma en la capital italiana, el equipo culé hizo para muchos el peor partido copero de los últimos doce años, dejando expuesto al ojo del huracán a su director técnico Ernesto Valverde.

"Fracaso sin excusas", "Batacazo culé", "Fracaso total en Europa", fueron algunos de los titulares usados por la prensa española para condenar la tercera eliminación consecutiva del Barça en cuartos del torneo continental apuntando a la falta de ambición en el planteo del entrenador azulgrana.

"Tras tres fiascos en Champions llegó la hora de apostar por el hambre, las piernas frescas y no tener miedo a dejar a titulares en el banco", escribió Mundo Deportivo.

"Sin personalidad, sin Messi y sin ningún argumento, el Barça volvió a naufragar en el Olímpico ante un equipo inmensamente superior que bajó a los barcelonistas de un pedestal artificial", consideró AS.

El Barcelona "ha vivido toda la temporada agarrado a Messi y cuando Messi no ha actuado como un genio, todo se ha venido abajo", señaló Sport. Puntero cómodo en la Liga española con el título prácticamente en el bolsillo, aspirante a renovar el título de Copa del Rey en la final del 21 de abril próximo (ante el sevilla en el estadio Wanda Metropolitano del Atlético de Madrid), el Barça no supo jugar con la luz del 4-1 a favor en la ida, diseñó el esperar defensivamente traicionando su estilo ofensivo, y de momento el libreto elegido por el DT pasó a ser cuestionado también por el plantel.

Sacudido por la ida tempestuosa de Neymar en agosto pasado, Valverde había tenido el mérito de interpretar esa bisagra como una oportunidad para hacer de su equipo un bloque más sólido en defensa sin que todo pase por un ataque permanente. Ese sistema no solo le sirvió, con buenos resultados, para pasar el mal trago del éxodo del crack brasileño. Jugando de ese modo el Barcelona terminó esa Liga siendo el segundo equipo con menos goles en contra (16).

Fueron esos resultados los que le dieron a Velverde crédito suficiente con su grupo de dirigidos, a menudo beneficiado por las genialidaddes de Lionel Messi para enmascarar parte del juego ausente que en la última década fue la identidad del equipo.

Hasta que sucedió. Y para ello quizá lo peor fue haberse sabido con tanta ventaja del partido de ida. A la postre, la Roma le propinó en 90 minutos la misma cantidad de goles que había recibido en los 9 partidos anteriores por la Champions.

Atónita, la afición barcelonesa trajo a su memoria la eliminación semejante de la temporada 2013-2014 bajo la dirección técnica de Gerardo Martino, castigado por la llave ante el Atlético de Madrid con igualdad de 1-1 en el Camp Nou y la derrota de 1-0 en el Vicente Calderón. Semejante en dolor, pero no en planteo. Valverde, hoy, está en el banquillo de los acusados por traición a las costumbres del club, y de eso quizá no salga aún ganado la Liga y la Copa del Rey atento a que el Barça apostaba al reto de coronarse por triplicado sumando la Champions.

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