Sin la despampanante presencia de mujeres hermosas en la grilla de partida al lado de los autos, algo que por décadas fue herramienta de explotación de las grandes marcas para instalar imagen.

Con horarios para las carreras más adecuados a los intereses de las cadenas televisivas.

También, neumáticos más blandos que nunca antes y motores más potentes producto de la refinación de lo que hasta aquí la ingeniería de las plantas V6 había alcanzado.

Con el halo obligatorio como protección para las cabezas de los pilotos y disparador, en contrapartida, de críticas en los amantes de lo estético.

El planteo de un potencial quinto título mundial para el inglés Lewis Hamilton o para el alemán Sebastian Vettel, en un nuevo mano a mano entre Mercedes y Ferrari asomando monopolizar la temporada. Todo esto, sumado a la presión de la casa de Maranello de volver a hacer cumbre en la categoría después de casi una década sin que un piloto propio se consagre campeón y sin que el equipo atesore la Copa de Constructores.

Este domingo, con el Gran Premio de Australia en Melbourne Park (desde las 3 de la mañana hora de nuestro país), la Fórmula 1 pondrá en marcha su calendario 2018, que tendrá 21 carreras, en un año trascendente para terminar de tirar su negocio hacia arriba o hacia abajo.

Sumida en la batalla central de levantar el interés de los aficionados en todo el mundo, la máxima categoría del automovilismo está ante una nueva bisagra en su historia, presentada nuevamente con difícil acceso a un escenario de paridad entre los diez equipos que la integran.

A las citadas Mercedes y Ferrari, otras ocho escuderías agregarán su granito pero desde la lejanía. A excepción de McLaren (con motor Renault) en la muñeca experta del español Fernando Alonso, o Red Bull con Max Verstappen, quienes podrían en algún que otro fin de semana dar la nota, Williams, Force India, Haas, Renault, Sauber y Toro Rosso pintarán como actores de reparto.

Las cinco coronas de Juan Manuel Fangio y las siete de Michael Schumacher son la zanahoria en las narices de Hamilton y Vettel.

Pero con la competitividad y la espectacularidad como las grandes materias a aprobar, la categoría no logra disimular que está en apuros.