De la tierra helada de Bjork, pero también de las sagas mitológicas que tanto inspiraban a Jorge Luis Borges, llega la selección que enfrentará a Argentina el 16 de junio en Moscú. Pocas son las noticias o eventos que trascienden a nivel global de esta nación insular, enrolada en el lote de las culturas nórdicas. En 1972, su capital Reikiavik, fue escenario del match de ajedrez más famoso de todos los tiempos, el que enfrentó al estadounidense Bobby Fischer con el soviético Boris Spassky, en plena Guerra Fría.

Ahora, Islandia ha vuelto a ser noticia por su clasificación al Mundial de Rusia 2018 convirtiéndose así en el participante con menos población de toda la historia (300 mil habitantes). La estadística demográfica no se correlaciona tanto con la valuación de su equipo nacional, que asciende a unos 74 millones de dólares, muy lejos del ostentoso Brasil (797 M) pero también bastante por arriba del modesto Panámá (6 M). Con esa tesitura, Islandia podría encasillarse como una "clase media" del fútbol, aunque sus standards de vida lo sitúan como uno de los países más caros del mundo.

La pelota no es una pasión menor, pero el confinamiento geográfico respecto a los circuitos competitivos, retrasó el proceso de hiperprofesionalización. En cualquier caso, su acceso a la élite del fútbol se sustenta en una potenciación de los recursos y a una estudiada planificación como respuesta a factores sociales. La actividad creció, primero silenciomente como casi todo en Islandia, a partir de una política oficial contra las adicciones que amenazaban a las jóvenes generaciones, y por ende, el futuro del próspero Estado. Como todo pueblo crecido en condiciones extremas (vientos de huracán más que el frío relativamente tolerable), los islandeses son gente práctica, habituada a encontrar soluciones.

Con largo inviernos donde casi no asoma el sol, lo primero fue construir estadios cubiertos. El primero se levantó hacia 2000. Actualmente, la Federación de Fútbol de Islandia, la KSI, cuenta con una veintena de instalaciones. Para formar jugadores, primero se ocuparon de educar entrenadores. La idea era que se insttruyeran en los principales centros futbolísticos de Europa y luego regresaran para aplicar sus conocimientos.

Aunque hay dos personajes clave de perfil bajo en esta épica nacional que postula al volante Aron Gunnarson (juega en el Cardiff de Gales) y al director técnico Heimir Hallgrimsson (ver recuadro) como abanderados. Uno es Siggi Eyjólfsson, que pasó sin pena ni gloria por su etapa como jugador, pero cumpliuó un papel decisivo al frente de la dirección formativa de la federación. El tro es una mujer, lara Bjartmarz, tamvién con pasado futbolero y licenciada en Sociología, que también aportó ideas para el proceso desde la entidad.

Los primeros resultados evidentes de este crecimiento asomaron el año pasado cuando clasificaron por primera vez para la Eurocopa y en octavos de final eliminaron a los mismísimos "inventores" del fútbol (2-1 a Inglaterra, en Niza).

Pero el paroximo llegó con la clásificación mundialista tras vencer por 2 a 0 a Kosovo en el estadio Laugardalsvöllur y gritar "Jaaaaa" (Sí) bien fuerte.

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Era el ayudante del técnico, pero le tocó saltar a primer plano en la hora más gloriosa. Pero Heimir Hallgrimsson nunca abandonó su profesión (ejerce como odontólogo) y persevera en su cábala comunicativa. Se reúne con los hinchas en un pub temático para anticiparles la formación y el dispositivo táctico del equipo que va a dirigir.

Su capitán y emblema es Aron Gunnarsson, dueño del primer spa cervecero de Islandia, ubicado en un terreno lindante con la fábrica de cervezas Bruggsmijan, dueña de la marca local Kaldi.