Adrian Newey, el ingeniero más cotizado de la actual Fórmula 1 y considerado el cerebro de los cuatro títulos que encadenaron Sebastian Vettel y Red Bull, publicó su autobiografía, titulada How to build a car (en español, “Cómo construir un auto”), en la que recupera el capítulo más negro de su currículum, cuando siendo jefe de diseño y desarrollo del equipo Williams en la máxima categoría, en 1994, Ayrton Senna se mató al volante del FW16 en una de las curvas del circuito de Imola, en el que fue uno de los accidentes fatales que más marcó al automovilismo deportivo.

Newey y el director técnico Patrick Head aceptaron modificar la columna de dirección del monoplaza a pedido del astro brasileño y tras el accidente mortal de Senna, muchos los se- ñalaron, aunque fueron absueltos en la causa judicial abierta contra ellos. Ahora, Newey asume su sentimiento de responsabilidad: “Fui uno de los altos ejecutivos de un equipo que diseñó un coche en el que un gran hombre murió. No importa si esa columna de dirección causó el accidente o no, es imposible olvidar el hecho de que era una pieza de diseño mala, que nunca debería haberse permitido en el coche”, escribe en su libro el ingeniero inglés.

Aquel fatítico 1º de mayo de 1994, Senna iba “al límite con un coche que era inestable”, reconoce Newey: “De lo que me siento más culpable no es de que un posible fallo de la columna de dirección fuera la causa del accidente, porque ese no es el caso, sino porque fallé en la aerodinámica del coche. Metí la pata en la transición entre la suspensión activa y la vuelta a la suspensión pasiva; diseñé un coche que era aerodinámicamente inestable, en el que Ayrton intentaba hacer cosas que no se podían hacer. Y de hecho no fue capaz”.

En su día la justicia italiana investigó y demandó a Frank Williams, Patrick Head y Adrian Newey, que años más tarde fueron absueltos. A pesar de ello, Newey dice que “me sentiré siempre responsable de la muerte de Ayrton, pero no culpable”.