El por siempre denominado Quinto Grand Slam, el Masters 1000 de Miami que espera para este viernes la presentación de Juan Martín Del Potro, levantó ayer el telón de su último acto en su habitual sede de Crandon Park, donde se desarrolla hace 32 años.

El torneo que comenzó a jugarse en Cayo Vizcaíno tras sus dos primeras ediciones (1985 y 1986 en Boca Ratón), ya no estará más en el mismo predio en 2019 dada su mudanza, con aprobación de la ATP, a las instalaciones del equipo de fútbol americano de los Miami Dolphins.

Sin el espacio suficiente para atender la demanda que crece año a año (generó en 2017 un impacto de unos 386.000.000 de dólares). Además, un intrincado acuerdo sobre las limitaciones para expandir su infraestructura. En ese escenario, IMG, empresa que instrumenta lo que pretende Endeavor, la dueña del torneo, salió en la búsqueda de una nueva sede que llegó de la mano de Stephen Ross, dueño de los Miami Dolphins, que tienen el Hard Rock Stadium en la localidad de Miami Gardens. Centrado actualmente en uno de los proyectos inmobiliarios más grandes de Estados Unidos -sobre el Río Hudson, en Nueva York-, Ross confió en la palabra de su socia en los Dolphins, Serena Williams, para el reto de recibir un torneo de tenis grandioso en un estadio de fútbol.

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