Irse de vacaciones sin salir de la ciudad. Tomarse un respiro en ese ritmo diario que no afloja. Anticipar la escapada planificada al lugar elegido, en medio del paisaje urbano.

Terrazas, jardines, veredas, proporcionan una alternativa accesible para poner distancia, aunque sea por un rato, de esta urbe que no da tregua, pero conserva espacios para regalarse un encuentro romántico o con amigos. Especialmente en verano, cuando las temperaturas suben y conviene tomarse la vida con calma y con hielo, como un cóctel recién preparado por manos expertas de esas que también abundan en las barras porteñas. Ámbitos donde los Buenos Aires que inspiraron el bautismo de Juan de Garay hace cinco siglos, se respiran como auténticos “buenos aires” en esta era digital e híperconectada.

Una oferta gastronómica acorde completa el combo que nos sirve de refrescante pausa para recargar energías. Puede ser en la franja horaria del after-office o ya instalada la noche que demora su toldo de estrellas.

Polos clásicos del rubro y geografías novedosas compiten en propuestas que vale la pena conocer. Salgamos.

“Nuestro patio es un lugar diferente en Palermo, es grande (cubre la mayor parte de nuestro local) y tiene muchas plantas, que ahora en verano están todas florecidas -enuncia Nicolás Wolowelski, socio de Benaim, gastro pub de cocina callejera judía- También tiene una estética definida, con murales y stencils que gustan mucho, eso lo vemos especialmente en fotos de redes sociales, donde notamos que los clientes eligen estas paredes como fondo de sus fotos”, reseña de este oasis urbano que remite a Medioi Oriente y actúa como imán “de público ciclista. Sobre nuestro portón cruza la bici senda, y muchos nos conocieron gracias a eso: mientras pedaleaban, nos vieron, pararon a tomar una cerveza y luego se convirtieron en clientes”.

En tanto, desde otro reducto del circuito palermitano, como Johnny B.Goode, se presentan en primera persona: “Nuestra propuesta se basa en una extensa carta de platos y cócteles clásicos y de vanguardia”.

Sobre el perfil de público, señalan que los “visitan oficinistas que buscan relax luego del día de trabajo y hacer un ‘after office’, grupos de amigos que hacen la primera juntada del año, amigos que retornan de sus vacaciones y parejas”.

También es el lugar de recalada de “muchos turistas que se encuentran de paseo o de shopping por la zona”, apuntan.

Las cervezas artesanales seleccionadas por expertos que rotan en las 30 canillas del nuevo local de Caballito son el fuerte de Growlers.

“Entendemos el Happy Hour como la posibilidad de disfrutar a precios más bajos cervezas de calidad premium -resume Manuel Migaraya, socio del emprendimiento -De alguna manera, representa una muy buena oportunidad para los que quieren incursionar en este mundo disfrutando unas pintas después del trabajo o bien en una reunión desde la tarde”.

Verano es un clima ideal, “tanto para bares (taprooms) como productores,que debemos brindar un producto de excelencia, generando paladares cada vez más exigentes”.

Desdel El Galpón de Tacuara, destacan “que a diferencia de la gran mayoría de las cervecerías de la zona, producimos todos estilos propios. Lo cual nos da un control de principio a fin, una especie de ‘atendido por sus dueños’ -grafica Juan Fernánez. socio y dueño. En sintonía, “producimos todo lo que respecta a lo gastronómico, lo cual nos permite darle vuelta de rosca al menú y asegurarnos de que siempre sea igual en calidad”.

En verano, “la gente disfruta más del picoteo o comer más liviano y de beber más cosas frescas, la cerveza más allá de la moda rankea mucho más fuerte que en otras épocas del año”, coincide Natalia Valentina Suárez, gerente de Raval Warehouse, en el bajo de San Isidro.

“El perfil del público es más relajado. En invierno se diferencia más el público que sale de la oficina, el público que va a cenar o el público que sale a divertirse. En verano estos públicos se mezclan más, no hay tantos horarios definidos”, observa Adrián Merino, al frente de Buller, clásico del rubro en Recoleta.

Desarmadero se propone como un espacio recomendable para resguardarse del calor durante el verano, no sólo por su excelente propuesta de cervezas artesanales sino también por sus dos sectores al aire libre. Por un lado, la entrada del local (en la tranquila intersección de Gorriti y Lavalleja) cuenta con una gran cantidad de mesas individuales y comunitarias al aire libre. Por otro, el primer piso del local se abre a una muy visitada terraza a cielo abierto.

Finalmente, esa redonda debilidad porteña, la pizza, se reversiona en formato “slice” al estilo NYC en Hell’s “un lugar con onda descontracturada, al ritmo del hip hop, funk y soul”, dicen ellos, que suenan en sendos patios en los que echarle la culpa al calor por tanta sed.

  • Sabores frescos e intensos que maridan naturalmente

“En una carta de verano no pueden faltar las preparaciones frescas y ligeras aunque siempre sabrosas y tentadoras- al igual que los vegetales de estación y las hierbas aromáticas -señala Alberto Giordano, dueño y chef de Ike Milano, restó con raíces italianasTambién son muy bien recibidos los pescados frescos, los mariscos y las carnes magras no tan pesadas. Las frutas de temporada y las cremas heladas son perfectas como parte de un postre”, agrega.

Mucho de su impronta vasca y bastante de su experiencia cosmopolita se conjugan en la cocina vasco-oriental que Shanti Aboitiz vuelca en Lekeitio, donde además se puede degustar una interesantísima propuesta de coctelería, diseñada por Miguel Angel Paissan, con la particularidad de sus cinco variedades de Gin Tonic, y la exclusividad del Patxarán, licor vasco servido con mucho hielo.