Una de las novedades más interesantes del reciente NATPE (la feria y conferencia de contenidos para televisión más importante del año) consiste en un anuncio de HBO Latinoamérica. En efecto, la firma anunció la creación de una oficina para el licenciamiento y venta de los contenidos latinoamericanos exclusivamente. Esto implica la distribución en todos los territorios donde HBO tiene operaciones y en otros que deseen contar con los contenidos que produce la firma por parte de la propia HBO. En 2017, la señal premium tuvo enormes éxitos con la nueva temporada de Sr. Ávila y, sobre todo, con la miniserie argentina El jardín de bronce, que obtuvo los mayores ratings para el canal en el territorio latinoamericano. El jardín... ya integra la grilla de HBO en los países nórdicos y en España.

“A medida que crecen los contenidos exclusivos locales tanto en cable premium como en SVOD -explicó a Variety el analista de mercado Guy Bisson, de la firma inglesa Ampere Analysis- se vuelve necesario el manejo regional centralizado de su distribución y comercialización”. Este punto es central: las señales de cable premium y los SVOD (hoy los mayores creadores de contenido exclusivo de alto presupuesto) necesitan contar cada vez más con contenidos para mercados locales. Pero el negocio verdadero consiste en que tales contenidos atraviesen fronteras, lo que requiere una estrategia centralizada. En cierto sentido, es una gran oportunidad para que cada país en particular pueda crear nuevos mercados para sus productos, mientras la distribución en cines, por ejemplo, presenta trabas enormes a la exportación de películas que no están asociadas de algún modo a Hollywood.

Pero al mismo tiempo, esta estrategia marca con mayor fuerza el grado de concentración en la red audiovisual. Los productores tienen la realización, el canal de distribución, el control de los derechos, la exhibición y la comercialización de franquicias por fuera de su propia red. Y esto sólo pueden llevarlo a cabo las empresas con mayor capital. Por otro lado, el premium y el SVOD dependen del pago de una suscripción y no del rating -es decir, no de la publicidad-, lo que les permite un manejo aún más discrecional de sus propios productos.

Así, por un lado, los contenidos producidos en países que no tienen la posibilidad directa de exportar encuentran una manera de ser vistos -y agregar valor- en mercados incluso más numerosos que el propio, pero al mismo tiempo se apuntala el negocio de unas pocas empresas que, hoy, dominan todo el espectro y pueden además manipular costos y precios. No es claro qué rol tendrán las coproductoras de estos contenidos o qué parte del negocio tendrán. Un arma de doble filo, aunque parezca a priori una buena noticia.