Golosina argentina por excelencia. El favorito de los chicos en el colegio, como snack en la oficina e, incluso, el ministro Nicolás Dujovne elige su versión light para las reuniones en el Palacio de Hacienda. El alfajor es una de las golosinas que más compra la gente: se consumen un promedio estimado de 6,5 millones por día.

Sin embargo, esos números no parecen impactar positivamente en una industria que esta semana homenajea a su producto. Claudio Messina, gerente de marketing de Fantoche, le explicó a BAE Negocios que el negocio de los alfajores en el país “está estancado, con una pequeña caída entre el 1% y 2% anual”. Según explicó, el hecho de que “aumenten mucho los costos fijos y variables” repercute directamente en la rentabilidad del sector.

Incluso, el aumento del dólar también tendrá un impacto negativo en la industria, ya que a mediano plazo se traducirá en nuevas subas en los costos. “Se fue deteriorando la rentabilidad en los últimos años y muchas empresas debieron bajar el gramaje o la calidad para que cierren los números”, contempló Messina, quien resaltó que ese ajuste aún no llegó a sus productos.

Las primeras señales de la retracción ya se están haciendo sentir. Dos semanas atrás, el Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Alimentación (Stia) expresó su “preocupación” por la difícil situación financiera de la tradicional fá- brica de alfajores Estancia El Rosario, ubicada en la localidad cordobesa de La Cumbre, en el Valle de Punilla.

Unas pocas empresas podrían verse beneficiadas por la brusca suba de la divisa estadounidense. Es que algunas firmas, como Havanna, que tienen la posibilidad de exportar sus productos bajo ciertas condiciones, se volverán más competitivas. Sin embargo, Messina explicó que la demanda en el exterior es baja y “se envían menos del 1% del total de lo producido, aunque si las condiciones mejoran esto podría crecer”. Los principales importadores de alfajores son Chile, Uruguay y Brasil.

Radiografía

El negocio se desarrolla en todo el país y hay unas veinte empresas en la industria, sin contar los de fabricantes artesanales. De ese total, hay cinco grandes compañías que manejan el 87% de la producción: tres Pymes -Jorgito, Guaymallén y Fantoche- y dos multinacionales, la argentina Arcor y la estadounidense Mondelez.

El precio del producto final varía según el segmento al que pertenece, y actualmente existen tres. La franja más cara es la “premium”, en donde cada alfajor cuesta entre 18 y 20 pesos, aunque algunos pueden alcanzar los 40 pesos. Este segmento, que representa el 3% del market share, está dominado por Cachafáz y Havanna.

Por otro lado, está el segmento “estándar” que se lleva el 45% del mercado. Estos alfajores valen entre $10 y $12 y el mercado está dominado por Jorgito en Capital Federal y Fantoche en el interior del país.

Por último, en el segmento “low-cost”, los alfajores cuestan entre $5 y $7 y las empresas más importantes son Guaymallén en la Ciudad y Gran Buenos Aires, y Tatín en el resto del país. En este caso, detenta el 52 por ciento.

El 80% de las ventas diarias se realizan en los quioscos y el consumidor tarda, en promedio, unos seis segundos en elegir el producto, explicó Messina.

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