"Para la mayoría de los hombres la guerra es el fin de la soledad. Para mí es la soledad infinita"

Albert Camus

Existen controversias sobre si la especie humana es naturalmente guerrera o se convierte a partir de procesos de sedentarismo y territorialidad sucedidos aproximadamente hace 10.000 años cuando finalizó la etapa nómada y de cazador- recolector adquiriendo hábitos sedentarios y gregarios más estables, asociados al comienzo de la agricultura.

El politólogo Francis Fukuyama es de los que piensan en una agresividad grupal innata. El humano tendría una postura agresiva y guerrera asociada al instinto de combatir, base de la selección natural, sucediendo esto desde el comienzo de nuestra especie, hace más de 200.000 años, participando desde ese momento de luchas y exterminios invasores poblacionales primitivos.

Sin embargo son muchos los evolucionistas que plantean que no existe evidencia de ello. Estos descreen de un instinto guerrero social primitivo. Postulan que esta característica se emparenta con el crecimiento grupal y el sedentarismo, que otorgan una identidad colectiva y el sentimiento de propiedad; como plantea Brian Fergunson, antropólogo especialista en este tema, de la Universidad de Rugers. Este además desmistifica la conducta agresiva que se presume en el chimpancé, que expulsaría a los foráneos del grupo, siendo un sesgo de la intervención del humano en la conducta de nuestro primo hermano.

Existen yacimientos prehistóricos en los que se observan lesiones corporales y craneales relacionadas con hipotéticas agresiones. Sin embargo podrían también corresponder accidentes o peleas individuales, más que una característica social guerrera del Homo Sapiens.

Aunque en tumbas prehistóricas aparecen puntas de lanza y otras posibles armas de piedra, los antropólogos no aseguran que sean la causa de muerte del más bien corresponderá a rituales fúnebres en los que al humano le depositaban elementos funerarios.

Puede que el ser humano sea el único ser biológico que genere guerras. Pues si bien existe enfrentamiento entre animales, en ningún caso se plantean con la planificación, la masividad y el plazo necesario para considerarlo un acto bélico. Sino simples escaramuzas espontáneas e impulsivas, que disminuyen conflictos sociales o territoriales. Pero en escala muy menor, que además podría definirse como una toma de decisión a corto plazo. Siendo la guerra una toma de decisión a largo plazo y planificada.

Es por demás interesante analizar semejante tema y su relación con la funcionalidad de la conducta humana, así como con la factibilidad evolutiva. Especialmente en su comparación con los primates primos nuestros (chimpancés, bonobos, orangutanes y gorilas) y también con los primeros grupos humanos con el fin estudiarlo como una instancia innata, o por lo contrario que se haya desarrollado a medida de la evolución cultural.

Se conoce que existen condiciones de lucha en manadas de chimpancés, con control de mono líder alfa y la posibilidad de expulsión del grupo, con peleas a muerte, hasta incluso canibalismo de agentes externos pero de la misma especie. Esto sucede, pero siempre en el contexto de lucha esporádica aguda no programada. Sean por cuestiones materiales: como alimento, sociales como aspectos comunitarios o simbólicos generados durante las interacciones entre pares.

Sin embargo otros monos, también primos de los humanos: los bonobos presentan conductas sociales mucho más empáticas (son gregarios). Estos también comparten con el humano igual cantidad de genes que los chimpancés (pero otros), sin embargo presentan una conducta más sociable con su comunidad; con menos niveles de agresión interespecie, con un claro componente pacificador.

Existen en el cerebro unas neuronas llamadas de Von Economo (llevan el nombre de su descubridor de 1913) con una conformación especial, que se las relaciona con la empatía, la confianza y los sentimientos de culpa. Se encuentran en mucha mayor concentración en cortezas de cognición social. Las mismas existen en el humano y en Bonobo, relacionándose con las cortezas sociales (prefrontal dorsolateral, cingulada anterior e insular). Pero estas células se las encuentra en menos cantidad en el chimpancé.

Sin embargo el humano comparte también genes con el chimpancé, que es más agresivo que el hombre. La pregunta es a quién se parece más el hombre: si a los Bonobos (pacíficos) o a los Chimpancés (agresivos).

Por lo cual, se torna .importante que factores sociales, tecnológicos, migratorios y culturales han influido fuertemente en la conducta de las personas. (Por ejemplo; el alcohol traído por el español aumento la agresión de los Yaganes de Tierra del Fuego).

Por ejemplo los antropólogos describen una separación muy clara en cuanto a la violencia, entre los grupos de cazadores/colectores (edad de piedra, paleolítico) y los grupos sedentarios (neolítico).

Recién, cuando el hombre se hizo sedentario (neolítico) comienzan a aparecer señales de luchas programadas. Encontrándose asentamientos de muertos, como una fosa común de 60 muertos encontrada en Sudán de 12.000 años de antigüedad; considerados las primeras víctimas bélicas.

Algo parecido sucede con algunas tribus nómadas todavía existentes, también estudiadas en la actualidad.

La guerra es definida como la violencia planeada y organizada; diferente a la violencia individual espontánea y con pocos contrincantes. La guerra entonces no es la acumulación individual de hechos violentes en una comunidad; sino que tiene su propia lógica, como dice Jurg Helbling, etnólogo de la Universidad de Lucerna. Este investigador del tema ha estudiado además otros grupos nómades pero arcaicos; donde no aparecen guerras sino solo eventos esporádicos y espasmódicos individuales.

En este sentido podríamos ser optimistas en cuanto a la violencia en el hombre; es decir que el hombre no generó las guerras sino se fueron conformando culturalmente, a partir de hacerse sedentario. Lo cual ocurre en el último cinco por ciento de su historia humana.

Los grupos nómades, en general pequeños (alrededor de 25 humanos) , podían alejarse del territorio (que en general abundaba) y presentaban una capacidad mayor de negociación. Así podían resolver cuestiones como el adulterio con duelos ceremoniales o al recibir la presión de su comunidad eran pacificados. Así se podían evitar cuestiones más graves de violencia. Esto se asocia también a que es necesaria la convivencia de pareja, para conformar la acción simbiótica que se generaba entre hombre cazador con mujer recolectora. La ruptura de esta funcionalidad afectaba fuertemente al grupo. Por lo que el grupo aparentemente trataba de presionar el comportamiento pacífico.

Si bien existe la violencia como fenómeno universal, ésta no ha llevado a guerras en las comunidades nómadas. Solo desde hace aproximadamente 12.000 años, cuando nos hacemos sedentario, en el medio oriente empezaron las guerras planificadas y el estado como entidad organizadora.

Los grupos nómades resuelven arcaicos y actuales resuelven las cuestiones con negociaciones, apelando a rituales de lucha o escaramuzas esporádicas.

Sin embargo el sedentarismo llevó a toma de decisiones a largo plazo a las luchas programadas; especialmente con disputas territoriales y de la propiedad.

Muchas son las posibles variables que generan guerras: aumentos de los conglomerados urbanos, cambios climáticos, faltas de alimentos, riquezas, sedentarismo y sentimientos de territorialidad, similitud de creencias e identificaciones colectivas sean étnicas, regionales o religiosas. Son algunas de las concausas que llevan a generar situaciones de guerra.

Se ha observado, por ejemplo, como el clima condiciona la situación de guerra. Así se encuentra vestigios de aumento de guerra. En un momento de descenso de temperatura en Europa que comienza a partir del siglo XIV lo que se llamó Pequeña Edad de Hielo y que mostró aumento de luchas a partir de las climáticas a partir de la disminución de alimentos.

Existe un instinto del hombre que lo lleva a la lucha y protección de sus crías y su nido: el instinto de combate; que también podría asociarse al de venganza. Es decir la búsqueda de justicia que buscan desde los animales más o menos desarrollados hasta los humanos.

Sin embargo esas son luchas individuales de supervivencia. Las defensas grupales y más aún las conquistas que buscan pueblos enteros, muchas veces más para supervivencia de su estirpe queda muy lejos de este sentimiento primitivo.

La localización estable; la conformación de grandes grupos que implican identidades subjetivas grupales son sumado a condiciones ambientales que probablemente sean la base que permite a este instinto de lucha la generación social agresiva traducida en guerras y exterminios.

Dice Fergunson que existen también, y por suerte, dispositivos sociales que limitan las guerras. Por ejemplo, matrimonios intergrupales, cooperación en la caza o la agricultura pueden ser parte de ellos. También Criterios culturales y religiosos que valoran la paz y condenan los homicidios. Es decir instintos primitivos, que también tenemos como el altruismo, la cooperación y la justicia; pueden ser lugares en común para la búsqueda de la tolerancia y la disminución de muertes, heridos y guerras.

*Neurólogo cognitivo y doctor en Filosofía. Prof. titular UBA. Conicet

Ver más productos

La Iglesia recuerda Nuestra Señora de los Dolores (Angustias)

La Iglesia recuerda Nuestra Señora de los Dolores (Angustias)

Francisco inédito: el silencioso camino de fe que lo llevó hasta el Vaticano

Francisco inédito: el silencioso camino de fe que lo llevó hasta el Vaticano

#ElChacal, el personaje que te informa.

Cómo surgió #ElChacal, el personaje que te informa y divierte

En cronishop.com.ar podés encontrar algunos de los mejores vinos y espumantes del mercado.

¿Cómo atraer a los Millennials al mundo del vino?

Macri se juntó con Alfredo Casero

Macri se juntó con Alfredo Casero

"Basta de recetas; amor por el país y por el pueblo"

"Basta de recetas; amor por el país y por el pueblo"

Ver más productos