El papa Francisco festejó ayer su cumpleaños 81 con un grupo de niños asistidos en una clínica vaticana y recibió las felicitaciones de 25.000 fieles en plaza San Pedro, además de los saludos que le llegaron desde todas partes del mundo, incluido el del presidente argentino, Mauricio Macri.

Como regalo, le llevaron una pizza de 4 metros de largo preparada por el maestro pizzero Vincenzo Staiano, al frente de "O zi Aniello" de la ciudad de Nápoles.

En medio de 81 globos de colores, el pontífice aseguró que "la alegría de los niños es un tesoro: debemos hacer lo que sea para que ellos se sientan siempre alegres, porque la alegría es como una tierra buena que hace crecer bien la vida, con buenos frutos".

Agregó: "Y por eso, se hace esta fiesta: se busca siempre la cercanía de la Navidad para encontrarnos".

El Papa también dijo que para que crezcan felices los niños "deben hablar con los abuelos" pues son "los dos dos extremos de la vida, porque los abuelos tienen memoria, tienen raíces y serán ellos quienes den las raíces a los niños", sostuvo.

"Por favor, que no sean niños desenraizados, sin memoria de un pueblo, sin memoria de la fe, sin memoria de tantas cosas preciosas que han hecho la historia, sin memoria de los valores. Algunos abuelos ya no están porque se han ido, pero hay otros muchos ancianos que hacen de abuelos", les manifesto el pontífice a los chicos.

El presidente de Italia, Sergio Mattarella, le envió sus "más sentidos saludos y también de todos los italianos".

La alcaldesa de Roma, Virginia Raggi, también se unió a los saludos y a través de Twitter le deseó un feliz cumpleaños al Papa y auguró "que su ejemplo de humanidad y fuerza sea guía para todos nosotros".

A primera hora, la heladería Hedera, sobre la peatonal Borgo Pío y a metros del Vaticano, le acercó la tradicional torta dedicada por su natalicio, esta vez decorada con un dibujo del artista callejero Maupal, en la que se ve a Francisco cargando sobre sus espaldas un mapamundi dividido en dos pero vuelto a coser, en referencia a sus llamados constantes al diálogo.

Francisco festejó en 2016 sus 80 años desayunando con un grupo de personas sin hogar, a las que había invitado a su residencia de Santa Marta.