Poner las manos en la masa, tomar la sartén el mango y tirar la carne al asador. Cada quien tiene sus propios métodos y secretos para lucirse en la cocina y sorprender a los comensales. La gastronomía es un espacio de creatividad que muchos se entusiasman con conquistar y dominar cada vez con mayor destreza.

Desde las pantallas, competencias de televización masiva como Master Chef o el debutante Bake Off se suman a series documentales que muestran a los chefs en acción o los clásicos programas de cocina de la TV por cable, animando a pelotones de aficionados a aprender las técnicas del oficio.

Para quienes se dejan tentar, la oferta de cursos plantea opciones para todos los gustos. Desde clases individuales con cena, que se dictan muchas veces en restaurantes o espacios pequeños, hasta carreras de un par de años en institutos para formarse profesionalmente y transformar la pasión en una salida laboral.

El abanico de propuestas abarca distintos niveles de exigencia, carga horaria y complejidad en cuanto a las técnicas, aspectos que se reflejan también en la gama de precios que ronda de los $800 a $6000. Pero siempre hay lugar para principiantes en las mejores mesadas de cocina de Buenos Aires.

“A la noche viene gente que busca un momento de relax y creatividad, un espacio más lúdico para desestresarse. Te saca de lo cotidiano”, comenta sobre los cursos básicos Soledad Villagran, Directora de Comunicaciones de la OTT, una de las instituciones con mayor prestigio en el rubro. Propone desde cursos cortos para aficionados hasta certificaciones, que tienen una duración de uno o dos años, y carreras de 3 años, donde se cursan las materias vinculadas al negocio. Los cursos cortos son de entre 2 y 6 clases sobre temas como cocina fácil, sushi o pastelería italiana y rondan los $2000. Se acerca numeroso público joven.Si en una época estuvieron de moda los cursos de sushi o de capcakes, actualmente, según la especialista, la tendencia se inclina a los maccarones y al trabajo con el chocolate.

Respecto al entusiasmo que contagian los programas de TV, Villagran coincide en que se nota esa influencia. “Hay más demanda, totalmente. Suma un montón. Si bien hay mucho de show, cuando aparecen la gente busca profesionalizarse. Con los tips que da el jurado, ves lo que crees que estás haciendo bien y cómo podría mejorarse”, indica y, como anécdota, comenta que en uno de las Master Class que brindaron recientemente había participantes del “Bake Off”, formato internacional que acaba de desembarcar en el país.

Todos los gustos Las mujeres suelen ser mayoría en las clases, pero esa proporción varía según el tema de los talleres. Mientras que en las clases de pastelería y en las de alimentación consciente predomina la presencia femenina, en las lecciones de panificados con masa madre y braseado de carnes los hombres dan un paso al frente. Entre las propuestas novedosas, el restaurante de carnes La Cabaña, ícono de la gastronomía local con más de 80 años de trayectoria, ofrece clases de Parrilla para aquellos que deseen conocer los secretos y el arte del mejor asado. La clase es dictada por Diego Moyano, chef ejecutivo de La Cabaña, en las propias parrillas donde cada día se preparan diversos cortes de carne Aberdeen Angus para los comensales del restaurante. Mientras al calor de las brasas se aprenden los mejores consejos del chef, también se disfruta una copa de un buen malbec, previo calzarse el delantal de “Gran Parrillero”.

Si bien es abierto para locales y extranjeros, predominan estos últimos. “En general, recibimos personas que vienen a estudiar gastronomía (muchos de ellos, latinoamericanos) y quieren tomar esta clase en particular para profundizar sus conocimientos en la materia. También, muchos turistas nos visitan como una salida recreativa-cultural, así como van a un show de tango, para conocer más sobre la tradicional cocina a la parrilla”, señala a BAE Negocios Moyano.

La clase, de una hora y media o dos aproximadamente, tiene un valor de u$s 180 e incluye almuerzo o cena en el restaurante, diploma que certifica la participación en el curso y un delantal de parrillero.

Instalado en una bellísima casona antigua de Palermo, Salú se autodefine como un club de mesa y cocina. Es uno de los lugares más efervescentes en el rubro de clases de gastronomía. “Queremos ser una plataforma para cocineros sub 35, que reúna un poco la nueva cocina argentina. Son cheffs con experiencia que quizás tienen muchos seguidores en instagram o tienen su catering pero todavía no tienen la exposición o la ‘fama’ que tienen otros”, explica Astrid Hoffmann, una de las responsables de la programación. Y agrega: “Está a mitad de camino entre un restaurante a puertas cerradas y una escuela de cocina. Es un lugar muy descontracturado al que puede venir, por ejemplo, alguien que quiere hacer una salida con dos programas en uno: tomar una clase y comer”.

Por la cocina de Salú desfilan todo tipo de intereses: técnicas de panificación con masa madre, coctelería, ABC de la cocina casera(el costo es de $800 y se comparte limonada, una copa de vino y la comida que se prepara), brunch, pescados, hamburguesas caseras, alimentación consciente y hasta lecciones para aprender a vestir la mesa para las fiestas de fin de año. La programación puede consultarse en curselo.com/salu. Cada clase tiene una duración aproximada de 3 horas y al finalizar se entrega un recetario.

Respecto a la popularidad de los programas de TV, Hoffmann comenta: “La gente consume mucho cocinero y recetas por los ojos pero no se pone tanto a cocinar. Queremos llevar esa cultura audiovisual a hacer que pongan las manos en la masa”.

Natalia Kiako, cocinera admirada en redes sociales y autora de “Cómo como”, brinda en Salú un taller de “Recursos de cocina natural para la familia”. Propone una caja de herramientas para alcanzar el objetivo tan escurridizo de cocinar en casa, comer mejor, alimentarnos más naturalmente, entusiasmar a los chicos y no desquiciarnos en el intento.Son tres encuentros que conjugan charla, teoría, demostración y degustación. “Aunque hay recetas, no se concentra en dar recetas. La idea es ayudar a la gente a organizarse y tener criterio. Aprovechar las verdura de estación. Hacer preproducción para no frustrarse a último momento y pedir delivery”, explica.

No faltan opciones para quienes se sienten llamados por este mundo de aromas, colores y sabores. Sólo queda elegir el curso, ponerse el delantal y animarse a probar platos nuevos.

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