Todos hemos sentido alguna vez el deseo por escaparnos hacia una playa remota, exótica, solitaria. O tenemos una postal mental de ese paisaje de arenas besadas por las aguas crístalinas de un mar encantado.

La cercanía de las vacaciones nos habilita a actualizar esa fantasía con un caprichoso y fascinante travelling por lugares que no suelen aparecer en las ofertas de paquetes turísticos, una invitación a soñar con los ojos abiertos mientras seguimos el derrotero imaginerio con el soporte de un globo terraqueo o un planisferio virtual.

Ligeros de equipaje, nos embarcamos en la aventura que nos libere de las urgencias y las rutinas habituales, con una primera escala en... Magnetic Island.

“Quienes permanezcan una semana, podrán conocer la isla, quienes vengan a pasar el día, siempre les quedará el consuelo de poder volver”, desliza el timonel de la lancha con motor fuera de borda que apenas ronronea. Llegando a destino, el atracadero de Magnetic Island, a escasos minutos de Townsville (Australia) reproduce la postal feliz de esa isla soñada. Una vez desembarcado, un sendero conduce a la oficina turística rústica pero no precaria que funciona en una casilla de madera. Hostels y hospedajes familiares constituyen la oferta hotelera, desprovista de lujo u ostentación. Magnetic Island respira rélax e informalidad. Así parecen interpretarlo también los koalas que practican piruetas entre las ramas de los árboles de la reserva natural, al atardecer, luego de sus rigurosas doce horas de descanso.

Circundada de bahías, Magnetic Island es una pieza de orfebrería de la naturaleza, pero sus arenas todavía dispensan intimidad a sus cultores: Arthur Bay, Florence Bay, Horseshoe Bay. Haciendo honor a su bautismo por parte del legendario James Cook, que notó una alteración de su compás náutico al pasar cerca, la isla ha venido atrayendo visitantes desde su descubrimiento. Primero de Townsville, luego de todo el mundo.

En otra esquina del mapa, las Maldivas son la quintaesencia del turismo de luxe. Sin embargo, desde su capital, Malé que carga con el estigma del escaso atractivo, se puede acceder fácilmente a las islas locales, que aunan su belleza pristina con la autenticidad de su población, en tanto los costosos resorts están mayormente a cargo de personal extranjero. A media hora de ferry desde el puerto de la capital, Hulhumale se despereza plácidamente entre palmeras. Sendas líneas de buses ecológicos las transitan en ambas direcciones, con ventanas panorámicas a las playas sobre el Índico.

El Caribe es pródigo en paraí- sos de ensueño híper publicitados, pero Tobago, la hermana menor de las Antillas, (que parece estar separándose del resto), es todavía un destino reservado a conocedores. Con un interior rico en cascadas, las playas son aptas para disfrutar del sol y del mar con aguas de amable temperatura. Además, cobija una rica y variada historia colonial, que se expresa en la toponimia multilenguistica. Poco quedaría por agregar de la Polinesia (en todas sus versiones) pero frente a la recurrencia de Tahití o Bora Bora como destinos, se puede descubrir el velo sobre Moorea. Este suburbio insular de Papeete, la capital del archipiélafo de la Sociedad, preserva tradiciones y modos de vida ancestrales, sin resignar las comocidades de la vida modernaa.

A ambas costas del Adriático se hilvana una sucesión de gemas y enclaves donde el pasado esplendor romano se funde con el eterno presente de sus paisajes. Una “courrieri” local o un auto de alquiler son los medios de transporte idóneos para hacer escala en Senigallia o... donde nos sorprendan las ganas.

Sólo recientemente y tras un largo conflicto civil, Sri Lanka (ex Ceilán) ha podido recuperar su condición de “perla”, con fácil acceso vía área desde Europa y conexiones a todo el mundo. Un considerable patrimonio cultural (contiene cinco sitios protegidos por la Unesco en una perficie relativamente chica respecto a la inmensidad de la India, que tiene siete), es capaz de justificar cualquier visita. Pero si le agregamos algunas de las arenas mejor rankeads en los sitios especializados como Unawatuna (“party beach”), Misiria y Trincomalee, la alternativa es irresistible.