El premio Nobel de la Paz indio Kailash Satyarthi, quien participa en Buenos Aires de la IV Conferencia Mundial sobre trabajo infantil, aseguró es necesario involucrar a los jóvenes “idealistas y de buen corazón” de modo que “los incluidos puedan hacer algo por los excluidos”. Se trata de una parte de la campaña global “Cien millones para cien millones” para conectar a los sectores que pueden ser complementarios.

“Hay cien millones de niños y adolescentes víctimas de tráfico infantil, violencia o de esclavitud por deudas; y en las universidades o profesiones hay igual cantidad de jóvenes idealistas buscando un mejor propósito en su vida. Yo quiero conectar cien millones que están incluidos con los cien millones que no están incluidos”, sostuvo en una entrevista con Télam.

Nacido en la ciudad india de Vidisha hace 63 años, Satyarthi es un activista contra el trabajo infantil que en la década del ‘80 y con solo 20 años creó “Salven a los niños”, una organización que liberó más de 80.000 chicos esclavizados en India, un país donde persiste la venta o reventa por deudas y el secuestro de menores para su reducción a la servidumbre.

Además, en 1998 lideró la Marcha Global contra el Trabajo Infantil, una movilización mundial que comenzó en la ciudad filipina de Manila y terminó ante la sede de la OIT en Ginebra con la participación de 7,2 millones de personas.

Esta iniciativa dio lugar después al nacimiento de una ONG del mismo nombre que está presente en 140 países, incluida Argentina. La lucha le valió a Satyarthi diferentes premios, entre ellos el Nobel de La Paz 2014, que le tocó compartir con la joven activista paquistaní por el derecho a la educación de las mujeres, Malala Yousatzai.

Carismático y entusiasta, la primera vez que Kailash se vio interpelado por la dura realidad del trabajo infantil fue cuando tenía sólo 5 años. "En mi primer día de escuela conocí al pequeño hijo de un zapatero que estaba justo afuera de la puerta del colegio. Me sorprendí y le pregunté a mi maestro y también a mi familia ‘¿por qué nosotros vamos a la escuela y el niño se siente afuera (a trabajar)?’. Y todos trataron de convencerme que los que trabajan son niños pobres que están ayudando a su familia y que es una cosa frecuente”, contó.

”Un día me detuve y hablé con el niño y con su padre, que me dijo ‘¿usted no sabe que nosotros hemos nacido para trabajar?’. Yo no tenía idea acerca del sistema de castas”, agregó, algo contra lo que se rebelaría más tarde, cambiándose el apellido para que no lo alcancen los privilegios de los que disfrutaba su familia.