La canciller alemana, Angela Merkel, y su ministro del Interior, Horst Seehofer, que había amenazado el domingo con presentar su renuncia, llegaron finalmente a un acuerdo sobre inmigración que sacó a la histórica coalición entre la Unión Cristianodemócrata (CDU) y su hermana bávara, la Unión Socialcristiana (CSU), de una de sus peores crisis.

"Estoy contento de que se haya llegado a este acuerdo. Una vez más ha quedado claro que vale la pena luchar por una convicción. Y lo que sigue ahora es un acuerdo muy sostenible y claro para el futuro", aseguró el ministro de Interior, tras cuatro horas de reunión con la canciller en Berlín.

La canciller alemana, por su parte, dijo que el acuerdo alcanzado es "un paso decisivo", que va en la dirección de "ordenar y gestionar la migración secundaria". "Después de una dura lucha y algunos días difíciles, hemos encontrado un muy buen compromiso", comentó Merkel a los periodistas en una breve declaración en la sede de su partido.

Después del anuncio de Seehofer una de los miembros del Gobierno perteneciente a la CSU, la secretaria de Estado Dorothée Bär, publicó el contenido del compromiso alcanzado entre el ministro y la canciller.

El Gobierno alemán establecerá centros de tránsito en la frontera entre Alemania y Austria para los solicitantes de asilo que ya estén registrados en otro país de la Unión Europea y se rechazará el ingreso a estas personas, que serán enviadas de vuelta a dichos países. Principalmente, aquellos estados miembro que funcionan como puerta de entrada a Europa, como Grecia, Italia o España. El compromiso prevé llegar a "acuerdos administrativos con los países afectados".

La principal demanda que defendía Seehofer era que Alemania rechazara inmediatamente en la frontera a los solicitantes de asilo cuyas huellas dactilares figuren inscritas en otro país de la UE dentro de la base de datos común Eurodac, lo cual, según el protocolo de Dublín, significar que les corresponde pedir asilo en ese país.

Seehofer, presidente de la CSU, era primer ministro bávaro en 2015 cuando Merkel permitió la entrada a Alemania de cerca de un millón de refugiados -la mayoría de países en guerra como Siria- por considerar que se trataba de una situación humanitaria excepcional. Desde entonces la política migratoria ha sido un punto de disenso entre los dos partidos hermanos y entre Merkel y Seehofer.

Tras el compromiso logrado en la última cumbre europea, Merkel consideró que se habían dado pasos suficientes para reducir la presión migratoria pero Seehofer opinaba que había que adoptar también medidas nacionales.

No obstante, el acuerdo alcanzado todavía debe obtener el visto bueno del tercer socio en la coalición, los socialdemócratas, que defienden una política más abierta con la inmigración. Con ellos se reunieron Merkel y Seehofer tras abandonar la sede de la CDU después de la reunión de crisis.

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