El acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y el Mercosur tiene, al menos en primera instancia, un esquema relativamente claro de ganadores y perdedores. Entre los primeros, a las euforias oficiales se sumaron las de los sectores empresarios más concentrados, a través del Foro Convergencia Empresarial. Entre los segundos se destacan las pyme industriales, que temen ante el potencial surgimiento de un fenómeno similar al registrado en 2016 pero que le dé la estocada final a los sectores más desprotegidos: el avance de los productos importados sobre un mercado interno ya de por sí en caída. Eso, en el contexto de unos márgenes de rentabilidad golpeados por el costo de financiamiento, los costos en dólares en general y el precio de las tarifas en particular, podría redundar en la desaparición de los rubros más sensibles.

Ariel Aguilar, quien además de presidente de la Cámara Industrial de las Manufacturas del Cuero y Afines (Cima) es vicepresidente de la Confederación General Empresaria de la República Argentina (Cgera), dijo a BAE Negocios que “hay que reconocer que este fue un objetivo central del Gobierno desde que asumió. Plantearon una inserción inteligente, que para mí no es tan inteligente, y que en las reuniones con las cámaras nos instaba a plantearnos qué podíamos resignar. Y la verdad es que nosotros sabíamos que no podíamos resignar nada. Porque la ecuación es asimétrica con Europa. La gran trampa es la supuesta igualdad de condiciones. Las empresas europeas no pagan 70% de tasas de interés. Y tienen subsidiada la energía. Nosotros tenemos cada vez más tarifas”.

Las esperanzas de los empresarios del sector pyme están puestas en la obligación por parte de este tipo de acuerdos de ser aprobado por los parlamentos de todos los países involucrados. Si el Gobierno supera ese escollo, insisten, se puede tratar de la desaparición de los sectores más sensibles del tejido industrial, dependientes de un mercado interno en baja por la caída del salario real y el consumo.

Sectores como la textil y el calzado son clave para el empleo local y que desde inicios del 2016 no dejaron de caer en su producción frente a la contracción del mercado interno y el avance de los productos importados. En otros casos como la metalmecánica, las autopartistas ven no sólo la posibilidad de la llegada de la competencia externa como el cierre del mercado brasileño, frente al fin del privilegio arancelario que ofrecía el acuerdo con el país vecino.

Aguilar sostuvo: “Ahora viene la otra parte, que es la del Congreso. La expectativa ahí es que todos los diputados que dicen defender a las pyme sean capaces de no entregar a la industria pequeña, que es clave para el empleo argentino. Este Gobierno no tomó una sola medida a favor para ganar competitividad y ahora nos dicen que compitamos a cambio de vender carne a Europa. A la gente se le está vendiendo esto como un hecho histórico y para nosotros es la versión actual del Pacto Roca-Runciman”.

Y agregó: “Lo que nos va a suceder es que el ingreso de productos europeos nos va a comer el poco mercado que queda. Es el escenario del 2016 y el 2017. Ahí todavía quedaba un colchón de consumo y lo absorbió el producto importado. Fue enorme esa apertura. Del sector cuero y afines cerraron 130 fábricas. De calzados cerraron 300. Y también unas 25 curtiembres”.

Una dificultad extra, agregó Aguilar, será la del control de las normas de origen: aquellos productos que, vía triangulación, comienzan a producirse en China, por lo que las industrias locales arrancan compitiendo contra un salario mundialmente bajo, sigue en algún país de Europa del Este y termina con sello de fabricación europea y arancel 0%. Con todo, desde las pyme consideran que el acuerdo las abre al mundo en condiciones de imposibilidad para competir con productos que, además de gozar de algún potencial diferencial tecnológico, operan en países que hace años superaron las grandes inestabilidades macro y que no tienen el costo de financiamiento ni tarifario que caracterizan a la coyuntura manufacturera local.

El mayor miedo es que se repita la dinámica del 2016

El presidente de Industriales Pymes Argentinos (IPA), Daniel Rosato, afirmó al respecto que “con esta medida, si no solucionamos los problemas internos, que hacen que no seamos competitivos a pesar del capital humano y de las inversiones realizadas, no se le puede hacer frente a esta ola de importaciones que vamos a tener con arancel 0%. Va a desaparecer un gran sector de la industria, los más sensibles. El fantasma de las importaciones es el tema que más preocupa porque sabemos que no podemos competir. No tenemos financiamiento, tenemos tarifas altas, fuerte presión tributaria y altos costos laborales”.

Pero, además, el problema que plantea el acuerdo UE- Mercosur es doble para las pyme: por un lado, es cierto que el primero que aparece en cada reflexión de los empresarios es el asunto de la avalancha importadora que podrá llegar a la economía local una vez que los productos europeos accedan a un nivel de arancel 0%. Pero, tal lo dicho, por otro, también está el cierre del mercado brasileño, cuando se pierda el privilegio arancelario frente a Europa.

Rosato destacó que “las autopartistas están muy preocupadas porque es una industria que tiende a desaparecer. Todo lo que hoy se exporta a Brasil ahora va a venir desde Europa. Es un segmento que va a quedar afuera de la posibilidad de proveer a ese socio estratégico”.

Las pymes destacan que las europeas no pagan el 60% de tasa

Son varios los analistas que exigen, por parte del Gobierno, la publicación de estimaciones oficiales acerca del impacto del acuerdo sobre la economía. Se mostró de acuerdo el economista Mariano Kestelboim, que dijo: “Es una situación de altísima incertidumbre para las pyme, más allá de que el proceso de ratificación del acuerdo lleva mucho de todas maneras, al menos dos años. Es una situación de extrema debilidad porque hay una desigualdad clara entre pymes de la región y europeas. Allá reciben todo tipo de apoyo estatal, como incentivos impositivos, subsidios, gasto de infraestructura. Y además tienen un desarrollo tecnológico superior. Pensar que pueden competir implica que muchas queden en el camino. Lo cierto es que además de la avalancha de importaciones, que puede ser mucho más fluida que en 2016, también Brasil, Uruguay y Paraguay van a optar en muchos casos van a optar por mercadería europea”.