A poco más de un año del final de la guerra entre el Estado colombiano y la ahora ex guerrilla FARC, más de 36 millones de colombianos están en condiciones de votar el próximo domingo, en una elección presidencial que definirá cómo será el futuro de la incipiente y frágil paz en medio de la agresividad de algunos y la apatía y preocupación de otros.

El próximo presidente será el responsable de hacer la realidad la paz que firmó el mandatario saliente y premio Nobel de Paz, Juan Manuel Santos, y, pese a que mucho depende de la voluntad que tenga para hacerlo, el tema no estuvo en el centro del debate público durante la campaña.

Esta, de todos modos, puede extenderse si, como se prevé, este domingo ningún candidato alcanza la mitad más uno de los votos válidos, lo que llevaría a los dos más votados a dirimir la presidencia en la segunda vuelta, prevista para el 17 de junio.

Uno de los símbolos de este desinterés con el proceso de paz es que el único candidato directamente vinculado con ese tema, el ex negociador del gobierno y ahora presidenciable liberal, Humberto de la Calle, no sólo está en el fondo de las encuestas con una intención de voto que no llega ni a igualar el margen de error, sino que fue el único que advirtió que el país está amenazado por una "nostalgia de la guerra" y acusó con nombre y apellido a los responsables.

"Las voces de las víctimas no son importantes para el doctor (y ex presidente Alvaro) Uribe y el doctor (y favorito en las encuestas Iván) Duque", sentenció y le pidió a todos los votantes que apoyen sin medias tintas el acuerdo de paz.

Pero todos los sondeos, la mayoría de los votantes -urbanos y alejados de las zonas donde desde la firma de la paz creció la violencia, el cultivo de coca y los grupos armados ilegales- indican que Duque, el candidato de la fuerza creada por Uribe, Centro Democrático, lidera la intención de voto, con guarismos que van del 37 y al 41%.

Mientras miembros de su partido atacan sin anestesia al acuerdo de paz Duque se presenta como una versión más moderada, aunque propone reformas profundas a ese compromiso.

La contracara de Duque y el uribismo es Gustavo Petro, el número dos en las encuestas con una intención de voto de entre 24 y 29% y el mismo un producto de un proceso de paz y la desmovilización de una guerrilla, la M-19, en 1990.

Petro apoya el acuerdo de paz, pero no hizo de eso una bandera como su rival liberal, De la Calle.

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