Miguel Díaz-Canel se dispone a entrar en el libro de la historia de Cuba como el primer presidente del poscastrismo, tras una carrera forjada desde la base del Partido Comunista y rodeado de incógnitas sobre cómo pilotará la nueva era que se abre en la isla. El actual primer vicepresidente encabeza la propuesta de la Comisión de Candidaturas Nacional (CCN) para la conformación del máximo órgano de gobierno del país, el Consejo de Estado, que la Asamblea votará hoy.

El primer presidente de Cuba que en casi 60 años no se apellidará Castro y que no llevará uniforme militar encabezará así el relevo generacional prometido por su antecesor, en una sucesión minuciosamente diseñada y cuyo objetivo es asegurar la supervivencia del sistema socialista cubano.

Uno de los interrogantes es cómo gestionará las maltrechas relaciones con Estados Unidos tras el frenazo al deshielo impuesto por la administración Trump. Perteneciente a una generación que no participó en la lucha de Sierra Maestra, educada en la ortodoxia comunista y cuya juventud sí conoció el socialismo próspero auspiciado por la extinta URSS, Díaz-Canel es un hombre del Partido Comunista (PCC) que ha escalado paso a paso y sin estridencias los peldaños del poder hasta llegar a la cúpula.

Nacido en Placetas (Villa Clara) en 1960, un año después del triunfo de la Revolución, este ingeniero electrónico que el viernes cumple 58 años comenzó su carrera política en 1987 en la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), la cantera del PCC, en la Universidad Central de las Villas, donde ejercía como docente. Siete años después y, tras progresar en el escalafón de la UJC e ingresar en el PCC, fue designado primer secretario del partido en su provincia natal de Villa Clara.

Allí dejó una impronta de dirigente accesible y cercano a la gente y se lo podía ver recorriendo los barrios en bicicleta o a pie, bailando en actos festivos e incluso apoyando iniciativas como El Mejunje, centro pionero en espectáculos de travestismo y convertido en símbolo de la lucha por los derechos LGTBQI.

Su paso al gobierno llegó en 2009 como ministro de Educación Superior. Cuatro años después, en 2013, fue elevado a primer vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros.

Ya como número dos, Díaz-Canel se hizo visible para los cubanos y para el exterior: en la isla se hizo constante su aparición en los medios estatales y en los últimos cinco años ha cursado numerosas visitas y giras internacionales.

Como su mentor, Díaz-Canel no es amigo de prodigarse ante los medios y menos ante los internacionales, pese a que ha hablado en varias ocasiones de acabar con el secretismo de las fuentes informativas y ha admitido limitaciones en los medios cubanos (todos estatales).

Descartada una transición política, el candidato está llamado a culminar las reformas que Raúl Castro deja pendientes como la unificación monetaria, la ampliación del trabajo privado, la inversión extranjera o la mejora de los precarios salarios en el sector estatal.

*Especial de agencia EFE

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