El juez Sérgio Moro ordenó que el expresidente de Brasil Luiz Inácio Lula Da Silva se entregue a más tardar a las 17 de hoy para iniciar su condena de 12 años de prisión por corrupción.

Moro, que lleva delante el juicio por corrupción contra el expresidente, tomó esa decisión luego de que en la madrugada de ayer el Supremo Tribunal Federal fallara por seis votos contra cinco en contra de un recurso de hábeas corpus que había pedido la defensa de Lula, para evitar que fuera a prisión hasta que no terminaran todas las instancias judiciales del caso, y mientra todavía quedaban recursos por presentar.

"En relación a Lula, le concedo, en atención a la dignidad del cargo que ocupó, la oportunidad de presentarse voluntariamente a la Policía Federal en Curitiba hasta las 17 del día 6 de abril, cuando deberá cumplirse el mandamiento de prisión", escribió el magistrado.

Más temprano, informó OGlobo, el STF le había comunicado a Moro que se consideraba terminado el proceso de segunda instancia, lo que habilitaba el pedido de prisión inmediata, pese a que la defensa aún tenía derecho a algunas instancias formales que estirarían esa fecha hasta el 10 de abril. La jurisprudencia de la justicia brasileña indica que los condenados deben ir a prisión una vez cerrada la segunda instancia.

Nuevo debate

A pesar de todo esto, Lula podría recuperar la libertad en unos meses gracias al mismo tribunal que le abrió las puertas de la prisión.

Es que el recurso de hábeas corpus alegaba que, de acuerdo a la Constitución brasileña, una persona no puede ir a la cárcel hasta tanto se agoten todas las apelaciones posibles, que en el caso de Lula llevan todavía a dos tribunales superiores, uno de ellos el propio Supremo.

En una ajustada decisión, los magistrados de la Corte Suprema optaron por seguir la jurisprudencia que ellos mismos establecieron en 2016 y por seis votos contra cinco ratificaron que la ejecución de una pena puede comenzar tras ser confirmada en segunda instancia.

Pero la votación que negó el "habeas corpus" dejó abierta una compuerta que en unos meses pudiera devolverle la libertad. La clave está en la magistrada Rosa Weber, la única de los once miembros del Supremo cuyo voto estaba en duda en la audiencia de este miércoles y que acabó por inclinar la balanza contra Lula.

En su exposición de motivos, Weber dijo que, desde lo "personal", respaldaba la tesis de la defensa de Lula, pero que por "respeto al colegiado" y por la decisión adoptada en 2016 por la corte no podía más que rechazar el recurso.

Sin embargo, dijo que podría revisar su voto si en un futuro se analizara el tema desde la óptica de una "repercusión general", que beneficiaría a todos los condenados en la misma situación de Lula.

Hace un par de meses, organizaciones de la sociedad civil afines a Lula pidieron al Supremo que revisara la validez de la prisión tras la segunda instancia con carácter general, pero la presidenta de la corte, Carmen Lucia Antunes, hasta el momento no le puso fecha a esa discusión.

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