"Si Jair Bolsonaro se convierte en el nuevo presidente de Brasil, la Argentina ocuparía el mismo lugar que México frente al Estados Unidos de Donald Trump". El pronóstico suena fuerte, excesivo quizá, pero la posibilidad de que el candidato de la extrema derecha brasileña triunfe en las elecciones del próximo domingo ha encendido las alarmas en la región. Las últimas encuestas lo siguen ubicando en el primer lugar, pero seguido cada vez más cerca por el delfín de Lula preso desde el 7 de abril-, Fernando Haddad.

Ninguno de los dos principales contendientes en las presidenciales brasileñas tiene posibilidades de triunfar en la primera vuelta. Y el ballotage previsto para el 28 de octubre-, aparece peleado, aunque el candidato del Partido de los Trabajadores (PT), tendría unos puntos de ventaja. Ocurre que aún muchos de los brasileños que festejaron la prisión de Lula y la caída de la ex presidenta Dilma Rousseff, ven en el extremismo de Bolsonaro un peligro para la estabilidad económica y política del país.

Pero este ex capitán del Ejército, de 63 años, misógino, racista y antisistema, aún tiene posibilidades de convertirse en el nuevo presidente de Brasil. ¿Cómo afectará a la economía argentina un triunfo de Bolsonaro en el gigante sudamericano? ¿Qué nos espera en el futuro si nuestro principal socio comercial es presidido por una suerte de "Trump tropical"? Intentemos buscar las respuestas a estos interrogantes.

Un Trump “verde amarelo”

Al igual que lo hizo el magnate Donald Trump en Estados Unidos, Jair Bolsonaro se presenta como un candidato que desprecia a los políticos tradicionales, un antisistema que conoce las verdaderas aspiraciones del pueblo, políticamente incorrecto hasta el punto de expresar pensamientos extremos que una parte de la sociedad brasileña no se anima a hacer públicos. Sus seguidores lo llaman “el mito”. Y él así se siente. “Mi candidatura es una misión”, afi rmó en su lanzamiento en Río de Janeiro. “Precisamos elegir a un hombre o una mujer honesto, que tenga a Dios en su corazón y que sea patriota”, agregó.

El candidato del Partido Social Liberal (PSL), buscó, desde el comienzo de su campaña, llegar a un electorado que ya no cree en la política tradicional y que busca una solución radical frente a la crisis económica y social que el gobierno de Michel Temer deja en el país.

Politólogos brasileños entienden que “así como sucedió con Trump en Estados Unidos, Bolsonaro captó a muchas personas que sentían que alguien supuestamente fuera del sistema y que sea más duro puede quebrar con la corrupción y la política tradicional”. Bolsonaro habla de “rescatar a Brasil” y muchos temen que su discurso termine imponiéndose. Temen lo que llaman un “efecto Trump”.

Pese a que en la medida en que se acercan la fecha de las elecciones ha ido moderando su discurso en sus apariciones públicas –muy pocas desde que sufrió el atentado con cuchillo el 6 de septiembre último, Bolsonaro ha dejado frases difíciles de olvidar.

Algunos ejemplos: “las mujeres deben ganar menos (que los hombres) porque se quedan embarazadas”; “las minorías tienen que inclinarse a las mayorías”; “los negros no sirven ni para reproducirse”; “Pinochet debería haber matado más gente”; “prefiero que mi hijo muera en un accidente a que aparezca con un tipo con bigote”, “el error de la dictadura fue torturar y no matar”, figuran entre sus definiciones, aunque ahora intenta mostrarse más reflexivo y menos extremista.

Su paso por el Congreso brasileño fue muy pobre. Dos momentos lograron captar la atención. El primero cuando, frente a las cámaras, le dijo a la ex ministra de Derechos Humanos de Lula, María do Rosario: “No te violo porque no te lo mereces”. El segundo, cuando en 2016 homenajeó al militar torturador de Dilma Rousseff al votar en el proceso político que terminó con su destitución.

Bolsonaro y Trump tienen otro punto en común. Se llama Steve Bannon. El hombre que ayudó a Donald Trump a llegar a la presidencia de Estados Unidos, se ha vuelto consejero en la campaña del candidato brasileño. “Con Bannon conversamos y concluimos tener la misma visión de mundo. Él afi rmó ser entusiasta de la campaña de Bolsonaro y ciertamente estamos en contacto para sumar fuerzas, principalmente contra el marxismo cultural”, declaró el hijo del candidato presidencial, el diputado Eduardo Bolsonaro.

“El mismo trato que tiene Trump allá es el que tiene que enfrentar Bolsonaro aquí, todas esas etiquetas y todo lo demás, es prácticamente la misma cosa, los dos pelean contra el establishment y de manera independiente”, afi rmó el diputado a O Globo.

Bannon fue jefe de campaña de Trump y su jefe de estrategia en la Casa Blanca por siete meses, hasta el 18 de agosto de 2017 cuando fue despedido. Después de dejar la Casa Blanca, Bannon ha ayudado a varios movimientos políticos europeos de derecha.

El gurú económico

Antisistema y ultraconservador en lo político, en lo económico parece optar por un programa liberal. Se jacta de “no saber nada de economía, no lo considero un problema”. Pero las pocas cartas que ha mostrado sobre su pensamiento económico marcan una cierta continuidad con la gestión Temer.

“Pensar en las medidas que tomará Bolsonaro es aventurado porque aún no dio muchas señales”, dice a BAE Negocios el economista Adrián Lercher. “Le encuentro similitudes con Trump en cuanto a lo revulsivo de su discurso, la mirada sesgada en materia militar y represiva, pero no sé si en los temas económicos piensan lo mismo. De todas maneras, las medidas que tome nos van a afectar mucho más que las políticas de Trump”, agrega.

Bolsonaro tiene un gurú económico, Paulo Guedes, quien se haría cargo de un “super ministerio de economía”, fusionando las áreas de Hacienda, Planificación, Industria y Secretaría General. Hombre de la Universidad de Chicago, el templo mundial del liberalismo, Guedes ha adelantado tres puntos básicos de su política en caso de ganar Bolsonaro.

Primero, reducir la enorme deuda pública brasileña a través de un gran proceso de privatización de empresas estatales. Después, Guedes promete realizar una reforma tributaria que simplifique el sistema actual al cobrar un único impuesto federal y descentralizar más recursos nacionales a los estados y municipios.

En tercer lugar, el gurú económico de Bolsonaro tiene en mente un proyecto muy polémico y que el propio Temer no logró aprobar en el Congreso: una reforma previsional para pasar a un régimen de capitalización. Este último punto ha encontrado un gran rechazo en la población brasileña, incluso entre los propios votantes de la derecha.

Privatizar todo lo privatizable y un ajuste fenomenal sobre los gastos del Estado, parecen ser dos ejes sobre los que Bolsonaro plantearía su política económica interna. “Asumí el compromiso de reducir el número de ministerios y extinguir y privatizar gran parte de las empresas estatales que hoy existen”, escribió el candidato del PSL desde el hospital en el que se recupera de la puñalada que recibió el pasado 6 de septiembre.

Pero los propios militares que lo acompañan en su equipo –ocho generales y un brigadier integran su grupo de consejeros-, no están tan convencidos de privatizar todo. Bolsonaro insinuó en un momento con privatizar hasta a Petrobras, pero ya no lo dice.

Sobre el final de la campaña, Bolsonaro está buscando calmar al mercado financiero y a los empresarios prometiendo una mayor liberación económica y una menor carga tributaria. En realidad, si se lo escucha a Guedes no hay muchas diferencias con la política económica que aplicó a partir de 1989 Fernando Collor de Mello – en los 90, un tándem neoliberal en la región, con Carlos Menem en la Argentina-, quien en 1992 fue obligado a renunciar por un impeachment.

¿Adiós al Mercosur?

“A Bolsonaro no le interesa el Mercosur”, asegura a BAE Negocios el economista Fabián Medina. “No tiene interés –agrega-, en mantener los actuales acuerdos comerciales. Pero lo que puede ocurrir es que intente captar a las empresas radicadas en la Argentina para que se vayan a Brasil, donde la presión fiscal es menor”. Tanto Bolsonaro como Guedes desconfían de los bloques comerciales, piensan más en apostar a los acuerdos bilaterales.

Adrián Lercher coincide con esta visión: “Bolsonaro va a sepultar el Mercosur, y va a buscar propuestas alternativas en cuanto a la política comercial internacional de Brasil”. Agrega que “buscará para Brasil acuerdos comerciales bilaterales, al margen de la Argentina y de lo regional. Va a buscar, con este rearmado, favorecer a las automotrices de San Pablo, y eso nos perjudicaría”.

La relación con la Argentina no es un tema que los principales candidatos hayan tocado en la campaña. Sin duda predominan los temas internos, en un Brasil con una dura problemática social y económica.

“Si copia a Trump en cuanto a su política proteccionista nos hunde”, señala a este diario el economista Medina. “Es nuestro principal socio comercial y casi la mitad de nuestras exportaciones industriales van a Brasil. Con un triunfo de Bolsonaro pondría a la Argentina como a México con el Estados Unidos de Trump”.

La opción Haddad

“Haddad es Lula”. Este es el lema principal de la campaña de Fernando Haddad, el hombre del PT “bendecido” por Luiz Inácio Lula da Silva para ocupar la candidatura presidencial que la Justicia le negó. Y parece estar funcionando, porque, de a poco, ese 40 por ciento de apoyo que tenía Lula se va trasladando a su “delfín”. Haddad hoy también tiene posibilidades de convertirse, en una segunda vuelta, en presidente de Brasil.

Con esa posibilidad en el horizonte y la idea de un triunfo en un ballotage, el candidato del PT está adoptando posiciones más moderadas, tanteando la formación de una coalición democrática para hacer frente al extremismo de derecha. En este camino habla de un diálogo con el PSDB de Fernando Henrique Cardoso, descartó públicamente un futuro indulto a Lula, y descartó públicamente que su futuro ministro de Hacienda pudiera ser Marcio Porchmen, un economista que trabajó muy cerca de Lula en el PT.

De todas maneras, en lo económico y en cuanto a la relación con la Argentina, Haddad sería una continuidad de la línea de Lula, así como Bolsonaro la continuidad de Temer. El candidato del PT continuaría apostando más a lo regional, a reforzar el Mercosur, y a reforzar los lazos con la Argentina.

La opción Haddad aparece más confiable para una parte del empresariado brasileño, quienes ven en Bolsonaro una suerte de moneda al aire. No se sabe qué pasará.

En este contexto se debe leer el documento titulado “Por la Democracia, Por Brasil”, que más de un centenar de personalidades hicieron público la semana pasada, en la que se pronuncian contra Bolsonaro por representar “una amenaza franca a nuestro patrimonio civilizatorio”. Los firmantes van desde el cantante Caetano Veloso hasta María Alice Setubal, de la familia propietaria del Banco Itaú, el privado más importante del país.

Las últimas encuestas, al cierre de esta nota, siguen dando a Bolsonaro arriba, pero con Haddad en crecimiento, confirmando que se está concretando la transferencia de los votos de Lula. Para una segunda vuelta, la mayoría de los encuestadores piensan que Haddad tiene más posibilidades de triunfar que Bolsonaro.

El resultado de las elecciones en Brasil tendrá sin dudas un impacto muy fuerte en la región y especialmente en Argentina, cuya economía está fuertemente ligada a lo que ocurre con su principal socio comercial. La respuesta se tendrá, si se confirma la segunda vuelta, en apenas cuatro semanas.

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