El domingo 1º de julio de este año, los mexicanos elegirán a su nuevo Presidente. Como la constitución mexicana prohíbe la reelección del cargo, la única certeza que tienen por estos días es que Enrique Peña Nieto dejará la presidencia el 1º de diciembre de 2018. Quién lo sucederá, todavía es una incógnita, aunque algunas encuestas ya nos permiten ver posibles escenarios.

El 30 de marzo comenzará oficialmente la campaña electoral según lo establece el Instituto Nacional Electoral, organismo autónomo responsable de organizar las elecciones federales y máxima autoridad administrativa en materia electoral en México. Sin embargo, la campaña real ya ha comenzado hace varios meses aprovechando el período de elecciones internas de los partidos que, como ocurre en muchos países latinoamericanos, no presentan competencia entre candidatos o, en el mejor de los casos, sólo candidaturas testimoniales.

Así las cosas, los tres candidatos con mayores posibilidades de acceder a la presidencia del país son: Andrés Manuel López Obrador por el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), Ricardo Anaya por la coalición Por México al Frente integrada por el Partido Acción Nacional (PAN), el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y Movimiento Ciudadano, y José Antonio Meade por el Partido Revolucionario Institucional, el legendario PRI.

Las últimas encuestas realizadas por consultoras de prestigio entre fines de enero y principios de febrero dan una ventaja de entre 5 y 11 puntos al que hoy encabeza las preferencias, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), por sobre su inmediato perseguidor Ricardo Anaya.

Algunas de estas consultoras de renombre como Consulta-Mitofsky, le otorgan a López Obrador un 27% de las preferencias contra un 22% para Anaya y un 18% para Meade. La empresa Buendía & Laredo presentó en su último informe un 32% para el primero, un 26% para el segundo y un 16% para el tercero. La consultora Parametría es la que mayor diferencia muestra entre primero y segundo (11%), otorgándole 33% a AMLO, 22% a Anaya y 18% al candidato del PRI. A pesar de las diferencias porcentuales, las tres consultoras coinciden en el orden de las preferencias.

Hay que decir también que las tres consultoras mencionadas presentan entre un 13% y un 25% de indecisos. El lector advertirá que la cantidad de indecisos que hay hoy, a cuatro meses de la elección, podría cambiar radicalmente el ganador de la elección si todos, o su gran mayoría, prefi rieran a uno de los candidatos que está en segundo o tercer lugar. Esto no suele ser así. Habitualmente la categoría “indecisos” suele repartirse en proporciones similares a los que sí saben a quién votarán, quizás, eso sí, con algún pequeño sesgo en favor de un candidato en particular.

A esto se le suma que en México el voto es optativo, por lo que suele suceder que los que aún están indecisos faltando pocos días para la elección no van a votar. En defi nitiva, los indecisos pueden dar vuelta una elección, pero no es tan fácil que eso ocurra.

Los independientes

Los demás candidatos, surgidos de la reforma electoral de 2012 que habilitó por primera vez la posibilidad de presentarse a cargos electivos a candidatos independientes que no tuvieran el apoyo de un partido tradicional, no han logrado todavía llegar a los niveles de intención de voto que el entusiasmo por la reforma había generado.

Luego de reglamentada la reforma en 2014, 86 ciudadanos se anotaron en la carrera presidencial. Sin embargo, sólo 48 quedaron habilitados en primera instancia y, de estos, nada más que 3 pudieron cumplir con todos los requisitos que obliga la ley, entre ellos, la recolección de al menos 900.000 fi rmas validadas de ciudadanos comunes.

Hasta hoy ninguno de los tres candidatos independientes registrados está cerca de alcanzar al más rezagado de los candidatos de los partidos tradicionales. En algunos sondeos, Margarita Zavala, esposa del ex presidente Felipe Calderón (2006-2012) y que en octubre del año pasado dejara las fi las del histórico Partido Acción Nacional (PAN) para convertirse en candidata independiente, mide hoy entre un 3% y un 11%% dependiendo de la empresa encuestadora consultada. Otro independiente, Jaime Rodríguez, conocido como “el Bronco”, ex Gobernador del estado de Nuevo León, uno de los más ricos del país, apenas logra entre un 2% y un 3% de las preferencias.

Aunque todavía faltan cuatro meses para la elección es evidente que estos candidatos no podrán cumplir con su objetivo de ser los primeros independientes en llegar a la presidencia de Mé- xico. Hoy la lucha sigue siendo entre tres, como ha sido desde la aparición en 1988 del Frente Democrático Nacional (antecesor del PRD). Vale la pena recordar que el candidato de ese partido, Cuauhtémoc Cárdenas, perdió la elección presidencial ese mismo año en circunstancias hasta hoy confusas, con denuncias de fraude por la alteración del sistema encargado de reportar el conteo de los sufragios.

Los opositores

Hoy la victoria de un tercer partido en una elección presidencial sería histórica y está cerca de producirse. Parte de la explicación de la, hasta hoy, probable victoria de López Obrador, podemos encontrarla no tanto en sus virtudes como candidato por tercera vez (que las tiene) sino más bien en las candidaturas opositoras.

Tanto Ricardo Anaya como José Antonio Meade tienen un perfi l técnico-profesional similar y comparten un importante derrotero en la función pública. Ambos fueron funcionarios durante la presidencia del panista Felipe Calderón. Anaya fue subsecretario de Planeación Turística de la Secretaría de Turismo del Gobierno Federal, y Meade primero fue Secretario de Energía y luego Secretario de Hacienda y Crédito Público. Anteriormente, Meade, también había sido Director General de Banca y Ahorro de la misma Secretaría de Hacienda, pero durante la presidencia del también panista Vicente Fox (2000-2006). Hoy uno representa al PAN y el otro al PRI, partidos históricamente enfrentados que hoy parecieran tener más similitudes que diferencias. Las estrategias de campaña no logran una separación que creen imprescindible para derrotar a López Obrador.

Por el contrario, hoy ambos equipos de campaña se empe- ñan en denunciarse mutuamente sobre temas de desvíos de dinero público, plata en paraísos fi scales y triangulaciones fi nancieras sospechosas.

Al mismo tiempo, los dos candidatos se pelean el mismo electorado: clase media y media alta urbana con niveles medios y altos de educación y, sobre todo, con un cierto grado de “antilopezobradorismo” en la sangre que prefi eren califi car con el hoy de moda “antipopulismo”. La confusión en este electorado debe ser aún más importante sabiendo que Ricardo Anaya, miembro del conservador PAN, hoy integra una extraña alianza con el centro izquierdista PRD que llevó a López Obrador a las candidaturas presidenciales perdidas de 2006 y 2012.

Mientras todo esto ocurre, AMLO, que se ha despojado hace tiempo de su antiguo sello “PRD”, mira y saca ventaja mes a mes. Según Consulta-Mitofsky, el candidato de MORENA ha crecido sostenidamente durante los últimos 6 meses siendo el del último mes, el salto más importante que ha experimentado: 4 puntos porcentuales.

Las preferencias son claras: los más jóvenes (18 a 29 años) prefi eren a López Obrador, los de mediana edad (30 a 49 años) se dividen entre AMLO y Anaya, y los mayores de 50 prefi eren al PRI. Esto no sólo habla de las posibilidades de la elección de este año, sino sobre el futuro, porque no hay que olvidar que los menores de 50 años forman parte del segmento más abultado de la pirámide poblacional.

Pero un dato importante a tener en cuenta es el siguiente: de las personas que no fueron a votar en la última elección presidencial de 2012 (porque no tenían 18 años cumplidos o porque decidieron no ir a votar), el 28% votaría esta vez por López Obrador, mientras que por Anaya lo haría sólo un 9% y por Meade, un 5%. Habrá que ver si los no votantes de hace 6 años encuentran alguna motivación especial para concurrir esta vez o formarán parte del 40% de abstencionismo promedio que caracteriza las elecciones presidenciales en México. Lo que sí puede pensarse con cierta razón es que a mayor afl uencia de votantes, mayor probabilidades habrá de que la elección la gane López Obrador.

¿Final abierto?

Sin embargo, aquellos que vivimos la campaña presidencial de 2006 que enfrentó al mismo López Obrador con Felipe Calderón, recordamos que el ex Jefe de Gobierno del Distrito Federal llevaba casi 10 puntos de ventajas sobre el panista a 8 meses de la elección y que esa ventaja se redujo a 6 puntos para febrero de ese año, a cinco meses de la elección, en el punto exacto en el que nos encontramos hoy y con diferencia similar. El 2 de julio de 2006, Andrés Manuel López Obrador perdía la presidencia de la nación por menos de 250.000 votos, 0.58% de diferencia.

Hoy el candidato del PAN es otro, y López Obrador también. Parece haber aprendido de algunos de los errores del pasado. Hoy ya no insulta la figura presidencial, se enoja menos y hasta ha empezado a tomar con humor algunas de las críticas que le hacen sus opositores: a la denuncia de que Rusia podría influir en la elección presidencial de México, como parece haber sucedido en Estados Unidos, él ha contestado que “efectivamente es un agente ruso y que desde hoy se llamará Andrés Manuelovich”. Su cambio de humor con respecto a la elección de 2012, y mucho más a la de 2006, es evidente. Las redes sociales y las distintas plataformas de video streaming lo han ayudado a desacartonarse y a aprovechar que estos nuevos formatos no siguen las reglas estrictas de la televisión, donde nunca se ha sentido muy cómodo.

Todavía hay quienes creen que faltando poco tiempo para la elección, el candidato que se encuentre tercero en las preferencias declinará su candidatura en favor del segundo. Como si se tratara de un cálculo matemático simple, creen que la suma de PAN y PRI superará lo que pueda obtener AMLO. Los números no dicen eso.

El sistema político mexicano no contempla la segunda vuelta electoral, de modo que la elección se ganará por un voto en la primera y única vuelta. Sin embargo, ante este posible “acuerdo” entre el segundo y tercero, las empresas consultoras realizan careos entre candidatos como si se tratara de un ballotage.

En estos ejercicios, se pregunta a los encuestados sobre qué harían si los únicos candidatos que compitieran en la elección presidencial fueran Andrés Manuel López Obrador y Ricardo Anaya únicamente. El resultado es amplio: 46% votaría a AMLO y el 38% a Anaya, además de un 16% que dice que no sabría qué hacer o que no concurriría a votar.

Para el caso del careo con José Antonio Meade, el resultado es aún más contundente: López Obrador obtendría un 55% y Meade un 26%, con un 29% que no sabe o que no iría a las urnas. En política electoral, 2 + 2 no siempre es 4.

En los últimos años muchas empresas encuestadoras en el mundo (y en México) han equivocado sus pronósticos electorales. Todo puede pasar faltando aún cuatro meses. Sin embargo, tampoco podemos dejar de notar que hoy las preferencias parecen ir en una dirección, no sólo por la intención de voto, sino también por el contexto en que se da esta elección y por el posicionamiento de los candidatos opositores.

Luego de estar a sólo 250.000 votos de ganar las elecciones en 2006 y de terminar a menos de 7 puntos en 2012, hoy Andrés Manuel López Obrador está en un lugar inmejorable para darle a la izquierda mexicana su primer Presidente. ¿La tercera será la vencida? Todo depende de él.

*Especialista en comunicación política
Director de W4 Research