Los «chalecos amarillos" siguen en pie de guerra contra Emmanuel Macron y su gobierno, y anunciaron nuevas jornadas de lucha y piquetes para el fin de semana que viene.

Tras el éxito de la jornada del sábado 17, con cerca de 3.000 manifestaciones, bloqueos y cortes de carreteras y autopistas, en toda Francia, la revuelta popular se prolongó con éxito el domingo y ayer, con más de un centenar de cortes de autopistas y carreteras, e incluso bloqueos de algunas refinerías.

Sin dirección ni liderazgo conocido, sin organización conocida, la fronda espontánea de los chalecos amarillos sigue atizando un «incendio social" de «baja densidad", protestando contra la subida del precio de los carburantes, el costo de la vida y la presión fiscal.

En Limoges (134.000 habitantes), en el centro de Francia, los agricultores paralizaron el centro de la ciudad. En Grande-Synthe (25.000 habitantes), al norte, grupos de «chalecos amarillos" cortaron de manera intermitente varias carreteras nacionales y las autopistas que van hacia Bélgica.

En la periferia de grandes ciudades como Lyon, Burdeos, Marsella, entre otras, los atascos, bloqueos y cortes de carreteras se sucedían de manera intermitente.

La autopista París-Rennes estuvo cortada o bloqueada en varias ocasiones, perturbando el tráfico de manera considerable.

Según el recuento oficial del ministerio del Interior, más de un centenar de puntos de crisis persistían en los más diversos puntos de Francia.

Varios grupos aparentemente autónomos convocaron a una nueva jornada de lucha nacional para el próximo sábado, invitando a los chalecos amarillos de toda Francia a «paralizar París".