Un tribunal de apelaciones brasileño dirá el próximo miércoles 23 de enero si el expresidente de izquierda Luiz Inácio Lula da Silva es culpable de corrupción, en un fallo que puede dinamitar sus ambiciones de volver al poder e incluso llevarlo a la cárcel.

Una confirmación de la sentencia a nueve años y medio de reclusión, dictada en julio por el juez Sergio Moro por corrupción pasiva y lavado de dinero, complicaría además el panorama de las ya inciertas elecciones de octubre, en las que Lula se presenta como favorito.

El Partido de los Trabajadores (PT), sindicatos y movimientos sociales organizan caravanas de centenas de autobuses hacia Porto Alegre (sur), donde se llevará a cabo el proceso, y convocan actos en Sao Paulo, donde el exmandatario (2003-2010) debería aguardar el veredicto.

"Para detener a Lula, van a tener que detener a mucha gente pero, más que eso, van a tener que matar gente", advirtió la presidenta del PT, la senadora Gleisi Hoffmann.

Asociaciones de magistrados mostraron preocupación por las amenazas que proliferan en las redes sociales contra los tres jueces del Tribunal Regional Federal Nº4 (TRF4), a cargo del caso.

El alcalde de Porto Alegre llegó a pedir el apoyo del ejército para evitar desbordes.

Lula, de 72 años, fue condenado como beneficiario de un apartamento en el balneario paulista de Guarujá, ofrendado por la constructora OAS a cambio de contratos en la estatal Petrobras.

Si el TRF4 ratifica la condena, el ex mandatario estará más cerca de la cárcel y de una invalidación de su eventual candidatura. Aunque en principio podrá seguir libre y hacer campaña hasta agotar los recursos ante cortes penales y electorales.

El exdirigente sindical se proclama inocente y denuncia una conspiración de las élites.

"La noción de golpe de Estado se ha sofisticado. Ya no se necesitan tanques, soldados; es suficiente contar mentiras que los medios reproducen como si se tratara de verdades. Unas mentiras que han anestesiado a la población", afirmó Lula en un encuentro con intelectuales y artistas en Rio de Janeiro.