El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, apurado por obtener la sanción legislativa que le permita mantener el funcionamiento del gobierno después del 19 de enero, comenzó a negociar con legisladores demócratas y republicanos cómo matizar la supresión del programa DACA.

Para que el gobierno siga funcionando después de esa fecha, en un año electoral, Trump deberá, como mínimo, reactivar al menos provisoriamente la protección para los 800.000 inmigrantes ilegales que llegaron a Estados Unidos en la niñez.

A Trump, acosado por escándalos e investigaciones judiciales en múltiples frentes, le urge obtener este acuerdo en tiempo y forma.

El magnate inmobiliario ya había puesto en marcha la progresiva desactivación del programa de Acción Diferida para Llegados en la Niñez (DACA), con fuerte oposición legislativa, que cuenta ahora con un poderoso mecanismo de presión.

Los principales medios de prensa suponen que Trump ahora haría concesiones.

De hecho, el propio Trump habló de enviarles una "carta de amor" a esos "jóvenes soñadores", como se los conoce públicamente.

La protección, sancionada durante la era de su antecesor, Barack Obama, había sido uno de los blancos de las más duras críticas de campaña de Trump, que prometió eliminarla.

Contradictoriamente, sin embargo, Trump advirtió a los congresistas que está dispuesto a soportar todas sus presiones.

Lo hizo en público, además, ante la prensa y la cadena CNN, que -en una insólita situación con escasos precedentes- presenciaron y difundieron lo debatido durante la primera hora del encuentro cerrado en la Casa Blanca.

"Tomaré todo el calor (heat, presión) que ustedes quieran", aseguró, para agregar, sin embargo y en una nueva contradicción parcial, que no ve tan lejana "una reforma migratoria integral".

Según Trump, después de la "carta de amor" se podría avanzar en los cambios integrales que hasta ahora el Congreso viene trabando.

Trump dio por terminado el DACA el año pasado, pero le dio al Congreso hasta el 5 de marzo para encontrar una solución.

Esta imagen de un Trump ambiguo tras su firmeza inicial despertó reacciones, a favor y en contra, tanto entre demócratas como entre republicanos.