Está más interesado el Reino Unido en potenciar las alianzas de la OTAN que las mismas Finlandia y Suecia. La salida de la Union Europea que se operativizó en plena pandemia (Diciembre de 2020), surgió del Brexit que nunca se transformó en el logro politico que Boris Jonsohn pudo enarbolar para presentarse como un aspirante a heredar el trono de los estadistas que Churchill conserva bien guardado.

La gira escandinava del premier británico solo se orientó a la formación de la Opinión Publica de esos dos países en apoyo a las intenciones y valentías de las primeras ministras Sanna Marín y Magdalena Anderson, que buscan lo que Putin más rechaza.

Al Churchill nostálgico de la era Victoriana, tampoco lo acosa el rubio despeinado que presagia el avance de la incorporación de Ucrania a la UE como un logro posguerra que no lo tendrá en la foto de prensa.

El Reino Unido ha perdido, entre otras cosas, su fuerte voz en el Consejo Europeo para enfrentar a la Francia inspirada en Aznavour, que no deja entrar al bloque económico institucionalmente más desarrollado del mundo a la Turquía genocida. Aún bajo las amenazas de Erdogan de no aceptar a suecos ni finlandeses en la gran alianza militar de occidente.

Será quizás un ejemplo que utilizaremos en las clases de Derecho de la Integración: la equidad, reciprocidad e igualdad como principios generales de estos tratados solo son exigibles o reprochables entre los socios plenos.

La incidencia de Turquía y el Reino Unido en las guerras militares, por su participación en la OTAN, son determinantes. Pero sus opiniones en la guerra económica solo dependen de sí mismas. Ni más ni menos. Todo eso, pero solo eso.

Nada influyen en la decisiones políticas de apoyo a Zelenski ni en el entramado energético que consolida la UE para aislar al sosias de Illia Kuryaki y apellidarlo como Napoleón (el yankee).

Visas sanitarias para los ciudadanos del mundo globalizado, alianzas energéticas, sujeción a los derechos humanos ante organismos con jurisdicción internacional y la libertad de circulación de la información conforman un -todavía- dispar mapa geopolítico en el que las tradicionales fronteras y los ejércitos de ocupación se reducen a los exabruptos de los nostálgicos de la violencia y las amenazas permanentes de la guerra fría. Una pequeña época de la historia que se terminó cuando se cayó el muro y empezó el calentamiento global.

Paz e integridad para Ucrania.