Latinoamérica no logra grandes progresos en integración y se sumerge en la "irrelevancia"
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Los planes de la izquierda latinoamericana, para una mayor integración de la región, cuyo centro estaba en la Unasur y Celac, se han frenado en el último tiempo, señalaron en diálogo con la Agencia Sputnik el exministro de Economía y Comercio de Chile, Carlos Ominami, y la cientista política, especializada en relaciones internacionales, Karina Lilia Pasquariello Mariano.
Ambos especialistas señalaron que a pesar de los esfuerzos recientes, como el Consenso de Brasilia impulsado por el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, los avances han sido mínimos. Incluso Ominami indicó que esta situación ha llevado a la región a una situación de estancamiento e "irrelevancia" en el escenario global.
"Ha sido un año bien difícil. Yo valoro muchísimo el esfuerzo que hizo particularmente el presidente Lula al reunir prácticamente a todos los mandatarios de América del Sur en lo que fue el Consenso de Brasilia. (...) Ha tenido bastantes dificultades para avanzar. No son importantes sus progresos. Lo lamento, porque lo único que hace es condenar a América del Sur y a América Latina a mantenerse en una condición de gran irrelevancia y marginalidad a nivel internacional", advirtió Ominami.
En la misma sintonía, Pasquariello Mariano, quien es profesora permanente de la Universidad Estadual Paulista e investigadora del Observatorio del Regionalismo, indicó que los dos proyectos de la izquierda, tanto la Unasur (Unión de Naciones Suramericanas) como la Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), "no han conseguido estimular una mayor aproximación entre los países".
"Si uno mira en cuestión de intercambio, de articulación política, los países están bastante desintegrados", agregó.
La falta de compromiso de los países con las normas regionales, la dependencia excesiva de la voluntad política de los gobiernos, y la falta de líderes con una visión de largo plazo son algunos factores que han frenado la integración, explicaron los especialistas, quienes advirtieron que observan pocas posibilidades de un avance significativo en el corto plazo.
El 30 de mayo del 2023, Lula convocó en Brasilia un encuentro de presidentes sudamericanos en el que pidió resucitar la Unasur para avanzar en la integración de los países sin tener que empezar de cero.
En dicho encuentro, Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela fijaron el Consenso de Brasilia que busca ser un "mecanismo de concertación" para fortalecer los lazos entre los países y proyectar la "voz de Sudamérica en el mundo", explicó la cancillería de Bogotá en comunicado en su página web.
El 17 de julio del año pasado el canciller brasileño Mauro Vieira reconoció, en diálogo con la Agencia Sputnik, que no había consenso para relanzar la Unasur por lo que apuesta por el diálogo político en América Latina a través de otros mecanismos.
LA RAZÓN
La especialista brasileña consideró que los planes de integración, al ser proyectos "muy centrados" en los presidentes y en la voluntad política de los gobiernos, no pueden mantenerse ante los cambios gubernamentales y terminan sufriendo "retrocesos".
"Son proyectos que no tienen una vida autónoma. No consiguen mantenerse sin la voluntad política de los gobiernos. Son procesos que por momentos hay convergencias políticas, consiguen producir resultados. Pero cuando eso no existe, no tienen una estructura propia con la capacidad para mantener el proceso funcionando. Entonces sufrimos retrocesos", explicó.
Dicha situación ocurre en el caso de la Celac y la Unasur ya que son "muy dependientes de los gobiernos" y no tienen "estructuras autónomas que funcionen por fuera de las voluntades políticas", indicó.
Además, aseguró que los países latinoamericanos suelen tener un "bajo compromiso" con las normas regionales.
"Mientras estas situaciones permanezcan, va a ser difícil avanzar porque la integración, así como la cooperación, exige que haya un creciente grado de confianza entre los países, entre los gobiernos, de que los compromisos que están asumiendo van a ser cumplidos. Si la costumbre es no cumplir normas, hay una tendencia a que los compromisos no sean creíbles", reflexionó.
La Unasur fue fundada en 2008 con el objetivo de incrementar el intercambio cultural, social y comercial en el sur de América Latina y desde esa región con otras del mundo; no obstante, la instancia regional está en crisis desde 2018 cuando por diferencias políticas varios países miembros se retiraron del bloque.
El 8 de agosto, el presidente de Ecuador, Daniel Noboa, emitió un decreto en el que dispuso que el edificio donde antes funcionaba la Unasur sea utilizado para un Centro Múltiple de Institutos de Educación Superior.
El 17 de abril de este año, Lula afirmó, en diálogo con su homólogo colombiano Gustavo Petro, que se debe "reorganizar" la Unasur como una fórmula contra los extremismos en América Latina.
"Estamos por debajo de lo que podemos ser. Por lo tanto, lo que he venido a proponer a Petro es una política para intentar reorganizar Unasur", explicó el mandatario.
"POCA VISIÓN"
Mientras tanto, el líder chileno aseguró que observa con "tristeza" que existen algunos líderes que tienen "poca visión de mediano y largo plazo".
"Están muy concentrados en el corto plazo y en la contingencia. Y por tanto no toman conciencia de que la única posibilidad es que nuestros países tengan una gravitación mayor en los asuntos globales. Es completamente ridículo que nuestros países, incluso algunos de los más grandes, puedan aspirar a cabalgar en solitario. Pero desgraciadamente lo que hay hoy día son proyectos claramente desintegradores", agregó.
El exministro chileno consideró que los políticos latinoamericanos han sido "sumamente inmaduros" ya que no han entendido que la integración "tiene que ser capaz de superar las orientaciones políticas e ideológicas de los gobiernos de turno".
"Desgraciadamente creo que la Unasur también en algún momento se sobreideologizó. Y eso facilitó su paralización por parte de los gobiernos conservadores. Los gobiernos conservadores después trataron de impulsar el Prosur (Foro para el Progreso de América del Sur). Lo hicieron, vino la pandemia y no pasó nada. Ni siquiera han dado una explicación del intento que hicieron que fue completamente fallido", agregó.
Por otro lado, la especialista brasileña consideró que muchos países están pasando por situaciones políticas de "inestabilidad", por lo que los gobiernos se han volcado más en sus problemas internos, e indicó que también existen razones internacionales, donde se busca desestimular el multilateralismo.
"Muchas veces los países latinoamericanos prefieren empezar algo nuevo que intentar arreglar algo que ya existe. Lo que tenemos es una variedad muy grande de procesos. Si uno mira en América del Sur, por ejemplo, la cantidad de iniciativas integracionistas que coexisten al día de hoy es bastante grande. Hay países que participan de tres, cuatro procesos al mismo tiempo", afirmó.
PERSPECTIVAS
Ambos entrevistados consideraron que las perspectivas futuras son "muy pocas" ante el escenario actual en materia de integración.
"Una variable muy importante va a ser la resolución que tenga el conflicto en torno a Venezuela y el hecho de que Brasil pueda tener éxito en el trabajo de mediación que está haciendo. Si eso no ocurre, Venezuela va a ser un punto de discordia en la región. Y Brasil, que tiene liderazgo muy importante, va a salir también debilitado. Ojalá que eso no ocurra, hay todavía tiempo de aquí al 10 de enero para que se pueda buscar algún tipo de arreglo a la situación de Venezuela", advirtió Ominami.
El político chileno consideró que Venezuela está siendo un "parteaguas" para los planes de la izquierda, debido a que "rompió" con el consenso regional basado en la carta democrática que indica que las elecciones deben ser respetadas.
"Lo que hizo el gobierno (de Nicolás) Maduro es algo extremadamente grave", afirmó.
Tras las elecciones del 28 de julio, el Consejo Nacional Electoral (CNE) proclamó la reelección de Maduro para un tercer mandato, pero la oposición rechazó el resultado y dijo que su candidato, Edmundo González, era el ganador.
Varios países se negaron a reconocer el triunfo de Maduro y otros, como Brasil, Colombia y México, pidieron ver las actas oficiales de votación.
El viernes, Lula afirmó que el Gobierno de Venezuela no es una dictadura, aunque sí tiene un "sesgo autoritario".
Lula ha estado siguiendo el proceso electoral venezolano a través de su asesor especial, el excanciller Celso Amorim, que se reunió con Maduro y con González.
Brasil, junto con Colombia y México, encabeza los esfuerzos de mediación para resolver la crisis abierta en Venezuela tras las presidenciales del 28 de julio.
Asimismo, ha estado a cargo del diálogo con EEUU. El 31 de julio, Biden dijo tras conversar con Lula que ambos países se coordinarán para seguir la situación en Venezuela.
El presidente brasileño también ha liderado el diálogo con su homólogo chileno Gabriel Boric sobre lo sucedido en Caracas.
El lunes, la administración de Maduro denunció que EEUU utiliza las organizaciones no gubernamentales para financiar acciones vinculadas a una presunta agenda de "desestabilización" en este país caribeño.
Asimismo, el Gobierno denunció que las plataformas digitales no solo están influyendo en la opinión pública, sino que también están siendo utilizadas como herramientas de control mental para llevar a cabo un golpe de Estado en Venezuela.
Fuente: Sputnik
