Las grandes empresas de los Estados Unidos se asientan en un tesoro billonario que pronto podría cambiar de estatus.

Hasta ahora multinacionales con sólida presencia en el extranjero, como Apple, Microsoft, General Electric y Johnson & Johnson, optaron por pagar los ingresos generados fuera de Estados Unidos en el país de origen, la mayoría con un impuesto de sociedades mucho más bajo.

La repatriación de capitales implicaba para las empresas norteamericanas una tasa del 35%, la más alta entre las economías avanzadas, que la mayoría de ellas ha tratado de evitar.

De esta manera, Moodys calcula que las compañías no financieras acumularán, al cierre del ejercicio 2017, 1,9 billón de dólares en sus tesorerías. De esta cantidad, más del 70% se encontraría en el exterior. Sólo Apple, Microsoft y Google controlan una caja de casi medio billón de dólares.

La reforma fiscal planteada en la Casa Blanca y que fue aprobada en el Congreso contempla un pago único del 15,5% para los activos líquidos (acciones y caja) generados en el extranjero, muy lejos del 35% actual.

Se espera que la medida, que entrará en vigor en enero de 2018, convenza a las multinacionales para que decidan reinvertir en el país y que repatríen gran parte de la tesorería que tienen depositada en el exterior, lo que tendrá consecuencias sobre los accionistas de esas empresas.

La Casa Blanca pretende que los recursos que vengan del extranjero se destinen a reinversiones que estimulen el crecimiento económico del país.

Sin embargo, es más probable que las compañías utilicen el capital de otras dos maneras alternativas. Por un lado, podrían optar por reducir su deuda en un momento en el que la Reserva Federal (Fed) ha iniciado un paulatino proceso de subida de los tipos de interés que está encareciendo los préstamos. Por otro, se prevé que destinen parte de los nuevos recursos a los inversores, en forma de dividendos o recompra de acciones.

Si las grandes empresas decidieran repatriar los cerca de 1,4 billones de dólares que atesoran en el exterior, Estados Unidos contaría con unos ingresos adicionales en forma de impuestos de más de 200.000 millones de dólares.

La medida perjudicará, en cambio, a Europa, que dejará de percibir impuestos por ese capital. Las cinco mayores economías de la Unión Europea (Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y España) han advertido que la reforma que se ultima en Estados Unidos vulnera las normas fiscales internacionales.

Ajeno a las críticas, el presidente Donald Trump se muestra eufórico y asegura: "Vamos a recuperar cuatro billones de dólares para este país, una cantidad que está en diferentes partes del mundo, algunas de ellas ni siquiera nos quieren y tenían nuestro dinero".

Tim Cook, consejero delegado de Apple, ha sido uno de los grandes defensores de una reforma fiscal que rebajara los impuestos a los beneficios en el extranjero.